Bajo la mirada de Occidente

Rey Lear. Barcelona (2008). 3685 págs. 24 €. Traducción: Catalina Martínez Muñoz.

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En primera persona, el narrador, un profesor inglés que vive en Ginebra, tiene la oportunidad de contar esta dramática historia, con ecos de la literatura de Dostoievski, después de haber conseguido las notas autógrafas del principal protagonista, Razumov. Éste, siendo estudiante y con un futuro prometedor, cruza su vida -solo unas horas- con Víctor Haldin, el revolucionario ruso que acaba de asesinar a un personaje tiránico, causante de oprobios y daños al pueblo ruso. A partir de ahí, y con el protagonismo del consejero Mikulin, desfilan todo tipo de personajes -principalmente en la ciudad de Ginebra- que ayudan a reflexionar sobre el sistema político y social de Rusia. Tanto las vicisitudes del narrador, testigo de los hechos, como de Razumov, el hombre atrapado en una agobiante e infructuosa decisión, explican las diferencias entre Rusia y Occidente.

Al leer Bajo la mirada de Occidente, durante tiempo considerada la obra maldita de Joseph Conrad (1857-1924), los lectores pueden sentir una gran desazón, porque los años le han dado la razón al autor. El mensaje del libro lo subraya el propio Conrad en la nota final: “Estas personas son incapaces de ver que lo único que pueden producir es un simple cambio de nombres. Los opresores y los oprimidos son todos rusos; y el mundo vuelve a verse una vez más confrontado a la verdad de que ni el tigre puede cambiar sus rayas ni el leopardo sus manchas”. El escritor Óscar Esquivias, autor del prólogo, ofrece al lector todas las consideraciones y detalles, de tipo histórico, social, literario y humano que son precisos para valorar esta obra, publicada en 1911, antes de la Revolución rusa.

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