Aurora boreal

Seix Barral. Barcelona (2009). 381 págs. 18,50 . Traducción: Mayte Giménez y Pontus Sánchez.

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La sueca Asa Larsson (Kiruna, 1966) debuta con este intenso drama psicológico. El predicador Viktor Strandgard es asesinado en la iglesia protestante de Kiruna donde trabaja. Su hermana Sanna, que descubre el cadáver, vive con dos hijas pequeñas y mantiene una tensa relación con sus padres y con el propio Viktor. Los tres pastores de la Iglesia libre, y con ellos toda la comunidad, se cierran en silencio ante los investigadores, para evitar así publicidad negativa. Rebecka tuvo en la juventud una difícil relación con Sanna y su familia y también con uno de los pastores. Ahora es abogada en Estocolmo y se ve obligada a volver a Kiruna cuando algunos indicios apuntan a la culpabilidad de Sanna.

La madeja que forman el pasado de Rebecka, la relación entre los Strandgard y el montaje de los pastores va poco a poco deshaciéndose hasta el tremendo desenlace final. La novela tiene elementos evidentes del drama criminal negro (psicópata religioso incluido), pero destaca sobre todo el cuidadoso perfil de los personajes, especialmente los de Rebecka y Anna-Maria, una inteligente policía a punto de dar a luz, que se implican en la historia más allá del deber. Pronto salen a la luz la sospecha de posibles abusos a niños, una tapadera de estafa financiera y elementos criminales y de manipulación psicológica. Todo esto, entre un grupo de personas que dicen trabajar en nombre de Dios. Los conflictos son narrados con realismo pero sin morbo.

Asa Larsson (no confundir con Stieg Larsson, el autor de la trilogía Millennium) se coloca de las primeras en el batallón de escritores escandinavos que se han lanzado al negro policial. La historia está muy bien contada, con una pericia inusual en una primera novela. Los personajes están vivos, se nos muestran sus pensamientos, les vemos desenvolverse en la vida normal a la vez que en los entresijos de la trama. La ambientación emotiva y sociológica es sensacional: la eterna y fría noche polar (en el clima y en las relaciones), el vacío existencial del que se valen los oportunistas, la soledad y el alcohol. Siete intensos días que dejan sin respiración al lector y con ganas de seguir la pista a Rebecka, como promete la autora en las palabras finales.

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