Así fue la JMJ y así se la contamos

EUNSA.

Pamplona (2013).

432 págs.

26 €.

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La Jornada Mundial de la Juventud 2011, celebrada en Madrid, fue todo un éxito. Participaron cerca de millón y medio de jóvenes, se implicaron empresas e instituciones y gran número de personas. Este libro, editado por los responsables de comunicación de aquel evento, trata de transmitir, de un modo cercano pero riguroso, cuál fue el diseño y el plan que se siguió para dar a conocer la JMJ a la sociedad. Se repasan los logros, las dificultades y las equivocaciones, para ayudar a la organización de estos eventos. Por eso se presenta la información según el modelo de los case studies, que facilita sacar enseñanzas prácticas y realistas.

Así fue la JMJ y así se la contamos repasa en cuatro bloques y un anexo tanto los aspectos concretos de las tácticas comunicativas, como las necesidades de apoyo material o los recursos económicos con los que contó el departamento de comunicación. Los diferentes capítulos están escritos por los responsables de cada una de las áreas en las que se dividió el trabajo de comunicación: Internet, relación con los medios, marketing, audiovisuales, etc.

Lo que se ve en estas páginas es que la implicación y el entusiasmo de los integrantes –y sobre todo el compromiso y la capacidad de liderazgo de los responsables directos– constituyen el principal medio para garantizar el éxito. Solo quien está ilusionado con un proyecto es capaz de transmitir ilusión por él.

Resulta novedoso –junto con los aspectos emotivos y personales del evento y el trabajo responsable de los voluntarios– la estrategia de comunicación seguida en las redes sociales y en la página web. Era un reto también, ya que de la visibilidad virtual de la JMJ dependía en parte lo atractivo que el evento pudiera ser para los jóvenes, acostumbrados a la publicidad virtual. Sin embargo, la experiencia en comunicación digital de los miembros del departamento permitió que la JMJ fuera un evento promocionado y seguido en los principales canales de hoy.

Es verdad que lo más importante fueron los beneficios espirituales, pero a la vez la fe pide su manifestación pública. En el departamento de comunicación de la JMJ estaba claro que lo central era el mensaje religioso, pero también había que mostrar la relevancia global del evento. Sin duda lo consiguieron.