Asesinos sin rostro

TÍTULO ORIGINALMördare utan ansikte

GÉNERO

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Tusquets. Barcelona (2001). 304 págs. 2.400 ptas. Traducción: Dea M. Mansten y Amanda Monjonell Mansten.

Escrita en 1991, esta es la primera de las novelas protagonizadas por Kurt Wallander, inspector de policía en una ciudad costera del sur de Suecia. Tras la buena acogida en España de La quinta mujer (ver servicio 120/00), la editorial se dispone a seguir ofreciendo los demás títulos de la serie.

Frío, profesional y concienzudo, Wallander dirige con mano firme una investigación que avanza lentamente, a golpes de suerte y de trabajo. En este sentido la historia está bien contada, es verosímil e interesará a los amantes del género policiaco; pero las tramas policiacas son el medio que usa Mankell para proponer un examen de conciencia sobre la sociedad sueca en forma de ajuste de cuentas. Wallander atraviesa un difícil momento personal, a lo que se une la desconfianza en el hombre y en la sociedad causado por lo que ve en su trabajo. Su permanente escrutinio sobre el sentido de la existencia y la falta de respuestas le dan un aire triste y ausente, que contrasta con la imagen exterior de agente hiperactivo e incansable cumplidor de su deber. El escritor combina el objetivismo típico del género para conducir la acción, con un perfil muy acabado de cada personaje, cosa ya no tan común. Sabemos mucho de cada uno de ellos, cómo piensan, cómo sufren, cómo aman, y no sólo a través de sus acciones. Estilísticamente, eso se traduce en la alternancia de frases rápidas y lacónicas y diálogos ágiles con párrafos más extensos de monólogo.

Henning Mankell cuida mucho la construcción del personaje del detective a través de múltiples detalles de su vida cotidiana: sabemos qué fuma, qué música le gusta y qué come, rasgos que se mantienen de una novela a otra.

Si en La quinta mujer se examinaban los límites y aciertos del ejercicio de la justicia legal, aquí son otras dos cuestiones de índole social las que preocupan al autor: la actitud en su país hacia las personas mayores (la novela comienza con el asesinato de dos ancianos) y hacia los inmigrantes (dos extranjeros parecen ser los principales sospechosos).

Wallender es un hombre honesto, trabajador y preocupado por los demás, que lucha por el orden exterior, aun a sabiendas de no ser capaz siquiera de gobernar lo personal. La novela deja un cierto poso amargo: ni siquiera los que luchan por el bien y tienen buenos principios consiguen ser felices; debe de ser algo a lo que es imposible aspirar, parece decirnos el autor.

Javier Cercas Rueda

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