El Acantilado. Barcelona (2004). 121 págs. 10 €. Traducción: Berta Vias.
Las novelas cortas de Stefan Zweig (1881-1942) son un prodigio de eficacia narrativa. En pocas páginas queda esbozado el planteamiento de la novela: en un hotel de la montaña coinciden una mujer y su hijo de doce años, Edgar, y un atractivo barón indolente que actúa como un cazador de mujeres. Para ganarse el afecto y la confianza de la mujer, el barón utiliza a Edgar, un muchacho enfermizo que se encuentra en la frontera de la niñez y la adolescencia. Edgar cae en la trampa y siente la amistad con el barón como uno de los episodios más importantes de la vida. Poco a poco, y este es uno de los aciertos del libro, el interés se traslada a Edgar, que -contemplando el secreto comportamiento del barón y de su madre- empieza a notar cómo cambia su percepción del mundo.
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Zweig penetra en la psicología de un joven que siente que ya no es un niño y que, analizando el progresivo y sutil enamoramiento de la pareja, descubre aquellos aspectos secretos que hasta ahora sólo había tenido oportunidad de leer en los libros; también capta agudamente las dudas interiores de la madre, que vislumbra en el asedio del barón una última oportunidad para reafirmar su feminidad y orgullo, aunque el aviso de la infidelidad esté siempre latente. Y el retrato que hace del barón, deliberadamente estereotipado, muestra una manera de actuar basada en la calculada conquista y el egoísmo. Novela, pues, de caracteres, que introduce un conflicto amoroso, sabiamente resuelto por la pericia narrativa de uno de esos autores que saben lo que quieren y cómo contarlo.
Adolfo Torrecilla