Antología poética

Rialp. Madrid (2009). 152 págs. 19 . Traducción: Antonio Benítez Burraco.

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Jan Twardowski nació en Varsovia en 1915, estudió Filología Polaca, recibió la ordenación sacerdotal en 1948 y falleció en su ciudad natal en 2006. Poeta muy popular en su país, tanto entre personas mayores como entre jóvenes, tiene algunas poesías destinadas a los niños. Su obra, traducida a numerosos idiomas, se vierte ahora por primera vez al castellano.

La poesía de Twardowski refleja en todo momento su fe (“yo, un sacerdote, / creo en Dios como lo haría un niño”), en sus versos hay asombro y alabanza a Dios, pero también comprensión y misericordia para los hombres. Se nota por tanto la formación filológica, ascética y teológica del autor, pero también su experiencia pastoral con gente muy variada, de carne y hueso, lo que convierte sus poemas en cantos sinceros, llenos de esperanza, de optimismo, y de sugerente apertura a los misterios del cristianismo. La observación de la naturaleza es otra fuente de inspiración para Twardowski, que muestra notable capacidad para descubrir lo poético en lo concreto, en los detalles: “… las causas del sufrimiento simplemente se desconocen, / y tan evidente se vuelve su sinrazón, que han de ser por entero genuinas / todas esas lágrimas que, cual lechones, corretean por los rostros”.

El éxito de la poesía de este sacerdote polaco se debe probablemente a su estilo directo, claro, sincero, vivo (no son términos sinónimos de ingenuidad ni de superficialidad). Con sus poemas, acerca a los misterios divinos, al papel de la criatura ante el Creador y a realidades como el mal, el sufrimiento, la redención, con sus paradojas y aparentes fracasos en el diario transcurrir de las vidas de los hombres.

Al lenguaje claro, hay que añadir la brillantez persuasiva de comparaciones y metáforas, que sorprenden y sacuden al lector y muestran esa sabiduría intuitiva propia de los grandes poetas. En el magnífico poema “Sobre la sonrisa en la iglesia”, por poner un ejemplo, uno choca con versos como “ante el existencialista que, como el zorro rojo, traslada sin cesar su soledad de un sitio a otro”. Esta Antología es muy recomendable para aquellos que tengan algún dolor, alguna pena o alguna duda, porque la de su autor no fue una vida fácil en su país dominado por el comunismo; este hecho da más crédito y firmeza a su optimismo.

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