Antología de relatos fantásticos argentinos Penumbra. Antología crítica del cuento fantástico hispanoamericano del siglo XIX

Antología de relatos fantásticos argentinos. Helios Jaime (ed.). Espasa Calpe. Madrid (2006). 359 págs. 9,90 €.Penumbra.

Antología crítica del cuento fantástico hispanoamericano del siglo XIX. Lola López Martín (ed.). Lengua de Trapo. Madrid (2006). 271 págs, 19,90 €.

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Hacer una antología no sólo requiere un conocimiento suficiente de los textos sobre los que se trabaja, sino también un cierto grado de sensibilidad que, en más de una ocasión, se asocia con la sensatez y la discreción. A veces, a partir de un maravilloso corpus literario puede salir una mala selección que no aporte casi nada. Y, en cambio, de un conjunto mediocre en apariencia podemos aprender muchísimo.

La literatura fantástica argentina del siglo XX ha dejado obras memorables de la mano de Borges, Cortázar, Lugones, Bioy Casares, Silvina Ocampo, José Bianco y tantos otros. De una veta tan rica y compleja han salido numerosas antologías de cuentos. La última de ellas, preparada por Helios Jaime, intenta un enfoque original que se salga de los carriles acostumbrados. Sin embargo, la selección que presenta es, cuando menos, descabellada. En primer lugar, prescinde de Borges, lo que, a pesar de las razones que se den, viene a ser una temeridad. Después incluye fragmentos de novelas importantes, pero cuya filiación con lo fantástico es, como mínimo, dudosa. Tal el caso de los textos de Marechal y su “Adán Buenosayres”, o de Mallea y “La bahía de silencio”. Nadie hasta la fecha ha comprendido estas dos novelas como fantásticas. Por último, no menos asombrosa resulta la aparición de escritores ocasionales (Elbia Rosbaco) cuya aportación al género o significación dentro de la literatura argentina es nula.

Menos pretenciosa y más útil es “Penumbra. Antología crítica del cuento hispanoamericano del siglo XIX”. Poco se conoce en España (y en muchos de sus países de origen) de la mayor parte de los escritores seleccionados. La literatura decimonónica en Hispanoamérica estuvo muy ligada al ejercicio del ensayo, debido en buena parte a las turbulentas circunstancias políticas vividas a lo largo del siglo y a la escasa infraestructura cultural de entonces. Sin embargo, hay muestras interesantes del género fantástico ya en escritores como Juana Manuela Gorriti, Ricardo Palma o Rubén Darío, tal y como se desprende de la lectura de esta antología. La mayoría de los autores, por lo demás, son deudores de la estética romántica.

Todos los textos escogidos son cuentos, de acuerdo con una tendencia general de la literatura fantástica, que ha sido más propensa a la extensión breve que a la novela. Llama la atención la inclusión de noticias anónimas de periódicos de comienzos del siglo XIX. Más allá de la mera curiosidad, estas noticias sugieren el progresivo interés por las ciencias ocultas y el esoterismo, una moda que se instala en la burguesía decimonónica europea, pero que tiene sus ecos en América.

El breve prólogo que acompaña a la antología tiene una función meramente informativa y relaciona el auge de lo fantástico con el proceso secularizador de la sociedad moderna, el auge de la teosofía y el espiritismo, así como por el influjo de las filosofías orientales. Quizás este análisis, sin ser falso, parezca un poco superficial, ya que habría que ver en qué capas sociales se notó la secularización en Hispanoamérica. Sin embargo, el libro cumple con creces su propósito, que es el de mostrar al público los orígenes de un género que tuvo un extraordinario florecimiento en el siglo siguiente.

Javier de Navascués

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