Anticlericalismo y persecución religiosa en España

Para el gran público, especialmente los jóvenes, la segunda República española puede ser interpretada como un periodo felizmente democrático, roto por el rebelde alzamiento de fuerzas fascistas, una cruenta guerra civil y la posterior dictadura. Quizás cualquier duda sobre la bondad del periodo 1931-1936 pueda ser tenida como una justificación de lo que vino después, sea guerra o dictadura. Es posible, incluso, que indagar en el concreto aspecto de la persecución religiosa, el anticlericalismo y la hostilidad a la Iglesia católica sea particularmente espinoso. Pero el tiempo transcurrido contribuye también a poder estudiar el asunto con más frialdad.

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Martí Gilabert es historiador, y su libro Política religiosa de la segunda república española (1) es un documentado estudio que muestra con serenidad lo que sucedió. Su análisis se centra fundamentalmente en las disposiciones legislativas, pero también en el clima antirreligioso, tanto político como intelectual y popular. El lector debe hacer un esfuerzo por situarse en el contexto histórico y social de la época, así como en el particular de la Iglesia de aquellos tiempos, para comprender las relaciones Iglesia-Estado, y las mentalidades de unos y otros.

Ese clima llevaría a la cruenta persecución religiosa durante la guerra civil. Tales crímenes contra la libertad religiosa están recogidos, con la precisión de un atestado, en la obra de Antonio Montero Historia de la persecución religiosa en España 1936-1939 (2). Se trata de un clásico sobre este tema, cuya primera edición de 1961 se agotó en poco tiempo sin que se reeditara hasta hoy.

La obra, que fue la tesis doctoral del que hoy es arzobispo de Mérida-Badajoz, no es sino una reimpresión de la de entonces. Ya en 1961 Antonio Montero advertía del ánimo que guiaba su estudio: “Se puede y se debe hacer historia separada de la persecución religiosa sin que ello obligue a incluir en la misma un dictamen sobre la guerra como cruzada”. La persecución religiosa se circunscribe aquí a las 6.832 víctimas eclesiásticas -sacerdotes y religiosos- en la zona republicana, para lo cual el autor utiliza un amplio número de datos, testimonios y documentos.

Desde otra perspectiva que puede complementar a las anteriores, El anticlericalismo español en sus documentos (3), de Manuel Revuelta González, ofrece un amplio conjunto de textos desde 1808 hasta el final de la guerra civil española. Desde periódicos hasta leyes, pasando por literatura, intervenciones en las Cortes, panfletos y manifiestos, este libro muestra el arraigado anticlericalismo español que, en algunos casos, supera la mera actitud anti-clero para teñirse de odio a la religión católica. Si los dos libros anteriores ofrecen una perspectiva más inmediata de la persecución religiosa durante la II República y en la guerra civil, el de Revuelta González refleja el caldo de cultivo que alimentó durante más de un siglo el anticlericalismo español.

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(1) Francisco Martí Gilabert. Política religiosa de la segunda república española. EUNSA. Pamplona (1998). 279 págs. 2.800 ptas.
(2) Antonio Montero. Historia de la persecución religiosa en España 1936-1939. BAC. Madrid (1998). 883 págs. 4.500 ptas.
(3) Manuel Revuelta González. El anticlericalismo español en sus documentos. Ariel. Barcelona (1999). 158 págs. 1.500 ptas.

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