Angelology

Planeta. Barcelona (2010). 610 págs. 21,90 €. Traducción: Francisco García Lorenzana.

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Angelology se va a convertir en un superventas si la mercadotecnia se impone. El nuevo lema es: ¿Vampiros? ¿A quién le importan los vampiros? Porque los ángeles ya están aquí y nos van a dar las nuevas claves de la lucha entre el bien y el mal en nuestro mundo.

La historia comienza con Evangeline, una joven que vive en el convento Saint Rose, a orillas del río Hudson. Su tranquila existencia de oración en un convento lleno de obras de arte sobre ángeles se ve interrumpida por la petición de Verlaine, un joven que pide documentación. El caso se remonta a 1943, en las montañas Ródope. La relación entre unos angelólogos y la abuela de Evangeline, Gabrielle, empieza a fraguarse.

El libro es un entretenimiento fácil, un thriller sobrenatural lo llaman sus publicistas, una historia de ficción con ángeles bastante humanizados que se insertan en la vida corriente de Nueva York y cuya historia se documenta desde Jacob y desde el Diluvio. La autora logra dar un toque documentalista-novelesco que resulta divertido: su modo de tratar la Biblia y el apócrifo libro de Enoch le dan ese aspecto serio que coloca el libro en la franja de adultos.

Pero bien podría ser un libro juvenil por su ingenuidad, su intriga constante, su tensión narrativa que no decae en sus 600 páginas. Ese es quizá el mayor mérito de esta novela kleenex, es decir, de usar y tirar, de pasar un rato entretenido. Bibliotecas parisinas y bibliotecas conventuales con sus convenientes pasadizos y mohos; escenarios de la II Guerra Mundial con sus espías y nazis; viajes de angelólogos a las lejanas montañas búlgaras; reuniones de especialistas angelólogos; combates angélicos; persecuciones en coches de lujo; escondrijos enrevesados que se han de encontrar con claves difíciles de desentrañar. Un libro de aventuras que copia elementos de otros libros de éxito. Por tanto, éxito de ventas asegurado.

Angelology es respetuoso con la vida de las hermanas del convento, apenas se critica a la Iglesia por no fiarse de las milenarias y sesudas investigaciones de los angelólogos, llamados a protegernos de los nefilim, los espíritus malos que nacieron de la unión entre ángeles y mujeres. Con lo que se quitan problemas, también morbo y se gana una nueva franja de lectores que no estarán del todo satisfechos, pero tendrán que tener en cuenta que esto es ficción.

Efectivamente, los ángeles pueden ser corpóreos y tener órganos sexuales diferenciados, aunque Trussoni nos ahorra los detalles de las relaciones íntimas y sí nos explica la belleza de sus alas, sus detalles físicos: toda una angelología que hará las delicias de nuevos fans y creará un nuevo mercado de objetos. La película ya se anuncia en la web. Y el libro es el primero de una saga o, cuando menos de una trilogía. Datos reales mezclados con invenciones literarias producen una novela de teología-ficción blanda, fácil de leer, con personajes previsibles, mucha intriga y acción, enamoramientos que se ven venir, toques de lujo, cierta sensualidad y belleza decorativa de los ángeles. Y de los angelólogos. El bien y el mal perfectamente delimitados y definidos. Documentos antiguos; nuevas lecturas que nos aportan nuevos e insospechados conocimientos. Y la atracción que provocan los ángeles malos o nefilim es el único sentimiento un poquito complejo de la novela. Localizaciones artísticas y conexión con la familia Rockefeller a la que Danielle Trussoni concede un papel estelar.

Por cierto, el libro narra la caída de los ángeles con muchos más pormenores de los que hasta ahora sabíamos. Sobre los detalles de sus alas pueden consultar en Internet. ¿Cómo es que ningún cazador-escritor de superventas había dado aún con este filón?

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