Amor y basura

Acantilado. Barcelona (2007). 277 págs. 20 €. Traducción: Judit Romeu.

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Ivan Klíma (Praga, 1931) está considerado como uno de los granes escritores de la literatura checa actual. Durante el régimen comunista, sus obras fueron prohibidas, aunque circularon de manera clandestina incluso en el extranjero. Klíma fue una de las figuras destacadas de la Primavera de Praga de 1968 y compañero de luchas de Václav Havel.

Parte de esta experiencia biográfica le sirve para construir el argumento de esta interesante novela. El narrador es un escritor que ha gozado de un relativo éxito en su país y en el extranjero; ahora, sin embargo, no puede publicar nada. Para sobrevivir, trabaja una temporada como barrendero. Mediante un discurso continuado, Klíma superpone diferentes historias con las que resume la vida de este narrador. Una de las más importantes es su relación con la escritura, donde están, quizás, las mejores páginas de Amor y basura, y su vinculación con Kafka, al que dedica uno de los ensayos que está escribiendo. Por otro, habla de su vida cotidiana, de su matrimonio, de sus hijos ya mayores. También de la relación que mantiene con su padre, ya enfermo. Y de lo difícil que es vivir en Checoslovaquia, de la represión comunista, de la imposición de un estilo y de una manera de ver el mundo.

Sin embargo, poco a poco todos estos temas ocupan un lugar secundario en la novela, pues el peso de la narración se desplaza a la crisis matrimonial del protagonista y su relación con Darja, una escultora casada. Es una lástima que los sentimientos del protagonista sobre este romance tengan cada vez mayor relevancia, pues ahogan y adelgazan el resto de las cuestiones que, desarrolladas en profundidad, hubiesen dado mucho más juego literario.

A pesar de todo, hay momentos y reflexiones muy interesantes, como la vida de un escritor oficialmente silenciado, la relación con sus compañeros barrenderos, sus profundos pensamientos sobre la literatura de Kafka; páginas que demuestran la calidad y la solidez de la literatura de Klíma. La dura experiencia que ha padecido el protagonista influye también en su concepción de la literatura, que se aleja de los tópicos que explotan buena parte de los autores occidentales: “Al menos a mí me atraen poco los libros cuyos autores se limitan a describir la desesperanza de nuestra existencia y se dejan abatir por el destino del hombre, por las circunstancias, por la miseria y la riqueza, por la finitud de la vida y la fugacidad de los sentimientos. El escritor que no tiene otra cosa que decir sería preferible que callara”.

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