Almas grises

TÍTULO ORIGINALLes âmes grises

GÉNERO

Salamandra. Barcelona (2005). 222 págs. 11,50 €. Traducción: José Antonio Soriano.

Philippe Claudel (Nancy, 1962), profesor de la Universidad de Nancy II, trabaja también como guionista y escritor. Con «Almas grises» obtuvo el Premio Renaudot en el año 2003, además de ser elegido Libro del Año por los libreros franceses.

«Almas grises» es una novela de impacto, dura y perturbadora, que mantiene un excelente ritmo narrativo al relatar una historia que, tanto en su núcleo argumental como en el ambiente en que se desenvuelve, se manifiesta llena de fuerza. Es casi una novela coral, en la que se conoce y oye hablar a varios personajes que vivieron el «Caso» originario de la trama, aunque todos ellos son matizados por el protagonista y narrador, que hace con ellos y con sus propias vivencias un relato retrospectivo.

Este protagonista es un gris policía -todo va a resultar «gris» en la novela- de una pequeña localidad gala, muy cercana al campo de batalla de franceses y alemanes durante la I Guerra Mundial. Es un hombre que aparece en la sombra y del que el lector va a ir conociendo muy pocas cosas a lo largo de la narración, para explayar su intimidad sólo al final. Y el «Caso», que conmociona al pueblo, ya convulso por la guerra tan cercana, es la aparición del cadáver de una niña encantadora y conocida de todos, hija del cantinero, apodada «Belle de jour», que ha sido estrangulada en un camino de la finca del potentado del pueblo, fiscal jubilado, viudo y solitario, sobre el que pueden recaer las calladas sospechas.

Hay personajes, quizás, demasiado descarnados, excesivamente perversos, que dan lugar a un capítulo muy violento en el que se juzga a dos desertores detenidos en el pueblo. Hay un exceso de desapego y acritud hacia todo, quizá un tanto disculpable por el dramatismo y la brutalidad de la guerra que se denuncia. A la vez, aparece el amor de dos parejas que podría redimir ese tono «gris» -aquí se entiende el gris como cenizo, terrible-, pero un par de sucesos muy trágicos, contados con una «gris» ambigüedad moral, acaban por convertir la novela en un canto al nihilismo.

Ángel García Prieto

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