Años inolvidables

TÍTULO ORIGINALThe best times. An informal Memoir

GÉNERO

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Seix Barral. Barcelona (2006). 341 págs. 18 €. Traducción: José Luis López Muñoz.

Estas memorias son un fiel reflejo del estilo personalísimo de Dos Passos. Habría que dar la razón a Oscar Wilde, para quien era la vida la que imitaba al arte. En “Años inolvidables”, ciertamente, uno no sabe si lo que allí se cuenta es la vida o una invención del autor de “Mahattan Transfer”. Como en sus novelas, aquí desfilan miles de amigos y de conocidos, componiendo una especie de colmena, hasta tal punto que es difícil retener todos los nombres, salvo el de aquellos más conocidos. Dos Passos fue, ante todo, un nómada, más que un escritor. Pero es un maestro de la descripción, aunque en ocasiones sea demasiado frío. Por ejemplo, la muerte de su padre, a quien le unía una afinidad intelectual fuera de lo normal, está relatada en un par de líneas.

El autor forma parte de esa estirpe de escritores afamados como Hemingway, Scott Fitzgerald o Cummings, con los que trabará amistades más o menos intensas. De familia acomodada, muy pronto se acostumbra a viajar por todo el mundo y se enamora en su primer viaje de España. Participa como voluntario de la Cruz Roja americana en la I Guerra Mundial y esa tragedia le marcará el resto de su vida. Se convierte en un pacifista combatiente y se aproxima al comunismo. Sin embargo, después de un viaje a la URSS (“es como si saliera de la cárcel”, dice al abandonar el país) comienzan a cambiar sus convicciones.

Dos Passos sin embargo es escritor por casualidad, porque al principio su afición le llevaba al mundo de la arquitectura. Pero se acostumbró de joven a llevar un diario en el que anotaba con precisión todo lo que vivía, con el fin de alejarse emocionalmente de lo que le ocurría, explica. Fruto de esto publica tras la guerra “Tres soldados” y se convierte en escritor profesional.

Cuesta creer que una vida tan intensa como la suya deje tiempo suficiente para escribir. Es interesante también asistir a la disolución de esta generación de escritores americanos, tan desgraciada en lo personal como famosa en la literatura. Aunque no entra en detalles, a propósito de la disputa con Hemingway afirma que es difícil conservar la amistad con los artistas, poco fieles en general. Él lo fue más que nadie porque, como cuenta Ignacio Martínez de Pisón en “Enterrar a los muertos” (ver Aceprensa, 29/05), Dos Passos se aleja del comunismo y de Hemingway a raíz de la desaparición y muerte de José Robles, amigo íntimo suyo, en el bando republicano español.

Leyendo “Años inolvidables” se explica muy bien el interés que la figura de Dos Passos ha tomado en la actualidad. El libro es interesante como testimonio de una época. Está escrito como una crónica periodística, con una prosa ágil. Es una pena que se interrumpan estas páginas a comienzos de los años treinta.

Josemaría Carabante

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