Tigerland

Director: Joel Schumacher. Guión: Ross Klavan. Intérpretes: Colin Farrell, Matthew Davis, Clifton Collins Jr., Thomas Guiry, Shea Whigham, Russell Richardson. 109 min. Jóvenes-adultos.

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Una mirada superficial a Tigerland llevaría a concluir que estamos ante una película más de Vietnam, con escasas novedades: la cosa transcurre en casa (Estado de Louisiana), con grupo de jóvenes reclutas, durísimos entrenamientos, rivalidad soldado bueno-soldado malo… De hecho, los guionistas Ross Klavan y Michael McGruther parecen tomar sin excesivo rubor elementos de La chaqueta metálica, de Stanley Kubrick, y de Platoon, de Oliver Stone. Y sin embargo…

Sin embargo, hay una mirada diferente. En primer lugar por el sorprendente, vibrante estilo fotográfico que imprime al film un Joel Schumacher (Tiempo de matar, Asesinato en 8 mm) fascinado por los principios del movimiento Dogma. En efecto, el director, con la ayuda inestimable del operador Matthew Libatique, mete su nerviosa cámara en maniobras y ejercicios tácticos, hasta hacernos sudar la gota gorda junto a los soldados. Y logra que el estilo documental, de foto con grano, encaje con una hermosa composición de los planos y un impecable montaje.

Pero las filigranas técnicas sobrarían si no existiera un personaje llamado Bozz, al que da vida el excelente y desconocido actor Colin Farrell. Él es el alma de la película: un tipo llamado a filas, que no cree en el ejército ni en el conflicto bélico (y lo dice); y que se hace querer por sus compañeros (y por sus superiores), ya que detrás de su pose de pasota esconde un sentido de la amistad (y del liderazgo) que no se atreve a manifestar.

Parece que por definición, una película sobre la guerra de Vietnam debe ser dura. Ésta lo es, al mostrar el enloquecimiento de algunos hombres, o la deshumanización que provoca el horror bélico. También en el dibujo del escapismo de los reclutas, que entretienen sus ratos de ocio con ocasionales compañeras de cama.

José María Aresté

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