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En mitad de un gran número de títulos que inundan las marquesinas y sumergen al espectador en mundos maravillosos –gracias a toneladas de imaginación… y fajos de billetes para costear los efectos especiales y las campañas de promoción– se cuelan en las temporadas de premios otras películas mucho más pequeñas, sencillas y, en apariencia, incluso banales. Son cintas de bajo presupuesto donde no brillan las estrellas –porque no suele haberlas– pero brillan los personajes. Películas pobladas por seres humanos, sin capa, sin poderes y con mucha dificultad para llegar a fin de mes. No vuelan, pero viven y eso los hace irresistibles.

El gran problema de este cine –que a veces se agrupa con el término indie– es que hay que encontrarlo: sus exiguos presupuestos no dan para marquesinas. Y lo encontramos normalmente el circuito de festivales donde algún crítico atinado descubre una pieza valiosa. Es el caso de la película indie de la temporada: The Florida Project. Desde su estreno en Cannes, la cinta no ha dejado de recibir premios y nominaciones.

La película cuenta la historia de un grupo de chavales que juegan y luchan por sobrevivir en un destartalado motel de Orlando situado a pocos metros de un parque de Disney. Sean Baker, director de Tangerine, establece un certero y doloroso juego entre diferentes mundos: el de los niños que se divierten en parques temáticos y los que juegan con palos y cuerdas; hijos, a su vez, de adultos inmaduros que tratan de mantener lo único que les separa del absurdo de una vida en ruinas.

Su tono documental y algo indiferente, hasta llegar a su dramático final, pueden hacer que algún espectador se desanime a mitad de camino. El que llegue hasta el último minuto probablemente lo hará gracias a dos elementos: la frescura de sus intérpretes y el original tratamiento visual de la película.

Exceptuando a Willem Dafoe, estamos ante un reparto casi desconocido –muchos no son actores profesionales– pero que destila naturalidad por todos los poros, especialmente los más jóvenes.

Además, The Florida Project seduce con su radical apuesta visual. A pesar de que estamos ante una historia seca y dura, Baker no le tiene miedo al color y convierte su película en un explosivo lienzo donde todas las mezclas son posibles. Este uso del color es algo más que un recurso formal para convertirse en un símbolo y en un elemento narrativo muy poderoso. Porque hay vidas que parecen vivirse en gris y negro… pero nadie puede impedir que los niños luchen por soñarlas en color. De eso, en el fondo, es de lo que habla The Florida Project.

Ana Sánchez de la Nieta
@AnaSanchezNieta

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