Romeo y Julieta

Guión: Baz Luhrmann y Craig Pearce. Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Claire Danes, John Leguizamo, Paul Sorvino, Diane Venora, Pete Postletwaite. 120 min.

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“Todo nuestro esfuerzo iba dirigido a desvelar el lenguaje de Shakespeare, a hacerlo menos distante y más poderoso”. Estas palabras del director australiano Baz Luhrmann (El amor está en el aire) podrían parecer suficiencia vanidosa si no fuera verdad que ha conseguido un Romeo y Julieta menos distante y más poderoso; y eso gracias, cierto, al desvelamiento del lenguaje de Shakespeare. Desprendido de un aparente misterio que tantas veces -en manos de otros directores de cine o de teatro- no ha sido sino timorata idolatría por el clásico, y una perezosa imitación de formas malamente tradicionales, aparecen el amor y drama de Romeo y de Julieta, el odio de los Montesco y los Capuleto, Verona y Mantua como personas, vicios y virtudes, lugares… de hoy, por ser de siempre.

Luhrmann, el guionista Craig Pearce y todo el equipo han tomado conciencia de lo universal y permanente en Romeo y Julieta, y, así, han sabido traducir lo histórico y temporal de un Shakespeare que ni siquiera se ocupó de la veracidad de su renacimiento italiano, que no conocía. Luhrmann ha transliterado música, vestuario, decorado, entorno social, dicción… a los parámetros o variables de unas personas, de un lugar de hoy, donde pueda darse y se dé tanto odio y tanto amor, tanta violencia y tanta necesidad de ternura y de paz.

“Es como cuando se está aprendiendo un idioma extranjero, y una noche se sueña en ese idioma y se empieza a comprenderlo. Es como hacer saltar un resorte de la conciencia”: tras la palabra, tras el gesto, tras la conversación se ve, ¡se ve!, la cosa, la realidad, y se sabe decirla dominando el lenguaje, haciéndolo propio. Luhrmann ha sido fiel al texto, sobre todo a Shakespeare autor, a su espíritu. Ha tenido la inteligente humildad de no sustituir el texto clásico, pues lo ha desvelado. Y hecho suyo.

El entorno parece Los Ángeles o Miami, un ambiente hispano, muy hispano, de religiosidad católica enraizada, pero desorientadamente compatible con el odio, el asesinato, la ofensiva riqueza, la prostitución en la miseria, la piedad iconográfica hortera… La música como lenguaje, los vestidos, las poses, los colores… el humor, ¡mucho humor! Todo es lenguaje clarísimo y accesible al gran público. Porque para todos los públicos es este drama de amor y de odio en su esencia.

Leonardo DiCaprio hace un Romeo memorable, y Claire Danes una Julieta pura, apasionada. (No sin razón unas palabras finales avisan a los padres de que su suicidio por amor puede afectar a sus hijos adolescentes). Todos los actores son verdad. Y ésta es una nueva y grande obra, de cine.

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