Retratos de una obsesión

TÍTULO ORIGINAL One Hour Fhoto

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Director y guionista: Mark Romanek. Intérpretes: Robin Williams, Connie Nielsen, Michael Vartan, Gary Cole, Eriq La Salle. 95 min. Adultos.

Conocer las vidas de los demás y no ser capaz de desarrollar una vida propia. En esta situación se encuentra Sy, encargado del laboratorio fotográfico de una gran superficie, que entrega las fotos reveladas en una hora. A pesar de ser un gran profesional, Sy es un hombre solitario y tímido, sin familia ni amigos. En tales circunstancias las fotografías dan color a su vida gris. Ellas le revelan cómo son sus clientes, hasta el punto de que a veces conoce sus secretos más íntimos. Sy se ha encariñado especialmente con Nina Yorkin y su hijo Will. Las fotos que le traen parecen mostrar la familia perfecta que él habría querido tener. Hasta que descubre que el esposo de Nina oculta algún secreto.

Procedente del ámbito de los vídeos musicales, Mark Romanek inicia su historia con el interrogatorio de Sy en una comisaría, lo que nos hace temer lo peor en un personaje que presenta signos inequívocos de un grave trastorno psíquico. A partir de ahí, inicia un largo flash-back, hasta rematar la historia de un modo sorprendente. Director y guionista, Mark Romanek tiene al menos tres grandísimos aciertos. Por un lado, una buena historia, presentada con la gradualidad necesaria, y que supera el riesgo evidente de pasarse de rosca. Por otro, un personaje magnífico, el de Sy, prototipo de psicópata tímido, que recuerda bastante al Terence Stamp de El coleccionista, de William Wyler. Robin Williams lo borda -¿quién dijo que el actor era un histrión?-, convirtiéndose sin duda en firme candidato al próximo Oscar. Y, finalmente, un tratamiento visual imaginativo, donde los colores blancos y fríos de los lugares donde se mueve Sy contrastan con la cálida paleta cromática que rodea el hogar de los Yorkin.

¿Reproches al film? Algún truco narrativo forzado (el que permite que la policía entre en escena), la ausencia de “fotos” más nítidas de los Yorkin, y algunas imágenes innecesariamente morbosas.

José María Aresté

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