Pinocho y Gepetto

TÍTULO ORIGINAL The New Adventures of Pinocchio

GÉNEROS

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Director: Michael Anderson. Guión: Tom Shepard y Sherry Mills. Intérpretes: Gabriel Thompson, Martin Landau, Udo Kier, Gemma Gregory, Warwick Davis. 89 min. Todos.

En 1996, el norteamericano Steve Barron dirigió Pinocho, la leyenda, ambiciosa pero insulsa versión familiar de la novela de Carlo Collodi. En ella, Barron desaprovechó una esforzada interpretación de Martin Landau y un equipo técnico de primera categoría, encabezado por la compositora Rachel Portman y el director de fotografía español Juan Ruiz Anchía. Ahora llega Pinocho y Gepetto, la continuación de aquella película, de nuevo con Martin Landau como Gepetto, aunque con un equipo técnico menos vistoso. Sin embargo, los resultados son quizá superiores a los de su antecesora.

Un primer aliciente es que el guión empieza donde acaba la novela de Collodi. Es decir, Pinocho es aquí un auténtico niño de 12 años. Un día, él y su amigo Lampwick hacen novillos y visitan una feria ambulante, llena de atracciones singulares. Allí, Pinocho verá fugazmente a una rejuvenecida Hada Azul y se enfrentará con Madame Flambeau, una malvada bruja de oscurísimo pasado, que engaña a los incautos con un extraño elixir que, según ella, lo cura todo. Este encuentro provocará consecuencias insospechadas tanto en Pinocho y su amigo Lampwick, como en el propio Gepetto.

Si el guión es ágil y entretenido, la puesta en escena resulta muy imaginativa. Se aprecia enseguida el oficio del ya octogenario Michael Anderson, director de películas tan populares como La vuelta al mundo en 80 días, Las sandalias del pescador o La fuga de Logan. Anderson mima la ambientación, dosifica cada secuencia y, sobre todo, saca partido a un reparto excelente, encabezado por Martin Landau, Udo Kier y el niño Gabriel Thompson. De este modo, queda una divertida película familiar, que amplía inteligentemente las posibilidades narrativas del clásico relato de Collodi . Sólo cabe reprochar varias escenas demasiado terroríficas, que quizá asusten a los más pequeños.

Jerónimo José Martín