A finales de los años 50, Jean Luc Godard rueda Al final de la escapada, un original film noir que reconstruye el cine de género norteamericano con poco presupuesto y mucho ingenio. En torno al rodaje de esta película y a la revista de crítica cinematográfica Cahiers Du Cinema, con su director a la cabeza André Bazin, se empieza a consolidar la Nouvelle Vague con cineastas como François Truffaut, Eric Rohmer, Agnès Varda, Alain Resnais, Jacques Rivette o Louis Malle.
Teniendo en cuenta la filmografía de Richard Linklater, desde la reciente y fallida Blue Moon, hasta las más reconocidas Boyhood o Antes de amanecer, este director norteamericano ha procurado reinventarse en cada película en torno a la nostalgia, el romanticismo y el amor al cine. Nouvelle Vague desprende la admiración por unos cineastas que cambiaron el cine europeo desde el aprendizaje de los maestros italianos y americanos, a los que consideraban verdaderos “autores”. En los diálogos de la película se expresa la cinefilia más espontánea por directores como Alfred Hitchcock, Vittorio de Sica, Orson Welles, John Ford, Howard Hawks o Rossellini, que suponían para ellos un punto de partida esencial para su novedosa narrativa de personajes de la calle e intimismo existencial.
El casting de Linklater es coherente con lo que cuenta, y por eso selecciona a actores jóvenes primerizos que aportan humor y naturalidad en un relato de rodaje de estructura bastante difusa, que a veces tiende a derivar en cierta trivialidad e intrascendencia. Aún así, la película hace un retrato bastante certero de una sensibilidad y una época con elegancia y una sana desmitificación, en la que se ve el entusiasmo y amistad de unos veinteañeros que compartían su afición por el cine desde carácteres y estilos muy diferentes y complementarios.