Mr Magorium y la tienda mágica

Guión: Zach Helm. Intérpretes: Dustin Hoffman, Natalie Portman, Jason Bateman, Zach Mills. 94 min. Todos.

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Zach Helm es un joven cineasta americano, autor del guión de Más extraño que la ficción, una interesante reflexión sobre la muerte en clave metaliteraria. Para su primera película como director, Helm ha contado con un guión anterior -el primero que escribió-, basado en una experiencia personal: para costearse los estudios de interpretación en la Universidad DePaul de Chicago trabajó en una juguetería.

Mr Magorium es el excéntrico dueño de una enorme y maravillosa tienda de juguetes a la que acuden decenas de niños que acampan entre vistosos legos, pelotas saltarinas y originalísimos inventos. El único problema de la tienda es que Mr Magorium tiene 243 años y le ha llegado el momento de irse y dejar la tienda a la actual encargada, Molly Mahone, una joven pianista de autoestima bastante baja. Mr Magorium, para dejar bien rematado el tema contrata a un contable, un hombre gris alejado del mundo mágico que rodea al anciano.

Hay que aplaudir, en esta ópera prima pilotada por Walden Media (Las Crónicas de Narnia), un diseño de producción espectacular, digno heredero de la maravillosa puesta en escena del Charlie y la fábrica de chocolate de Tim Burton. La recreación de la tienda -escenario de más de dos tercios de la película- es fantástica y el acompañamiento musical de Alexander Desplat no puede ser más acertado.

Sin embargo, este envoltorio de lujo no logra ocultar que estamos ante una historia muy pequeña, muy poca cosa, que a ratos se nota excesivamente estirada. Es cierto que Helm incluye algunas reflexiones interesantes -la actitud serena ante la muerte y la existencia de algo más después de esta vida, la relatividad del tiempo o la importancia del espíritu sobre la materia- que ya hizo en Más extraño que la ficción; pero, quizás consciente de que su público es otro (no hay que olvidar que es una película familiar navideña), estas reflexiones son sólo apuntes, no hay un desarrollo de estos temas en el guión, y así, la historia se queda corta y el peso acaba cayendo en los intérpretes: unos magníficos actores que aquí sólo están correctos (en el caso de Natalie Portman, cursi como ella sola). Esto no quita que, a ratos, sólo por zambullirse al ritmo de la música en el colorista carrusel de la tienda, valga la pena pagar la entrada.

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