El sueño de Astrid es el de su difunto padre: reunir cuatro valiosos Stradivarius para que toquen juntos una complicada obra musical. Consigue los instrumentos y a los artistas, pero el cuarteto no suena como debería por culpa de una feroz batalla de egos. El problema es que solo tienen cuatro días para preparar el concierto.
Correcta y muy francesa, esta película tiene a su favor unas notables interpretaciones –lideradas por Valérie Doonzelli y el veterano Frédéric Pierrot– que dotan de fuerza a los conflictos entre los personajes, la clave del guión. En contra, la película es bastante previsible y no llega a sorprender en ningún momento.
Se ve bien, la producción es notable, se disfruta gracias al cuidado tratamiento musical… pero probablemente se olvidará con la misma rapidez con la que se visiona.
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