Tras un accidente laboral en los muelles de Yorkshire que los deja en una situación económica muy precaria, Sam y Mary Hardacre, junto a sus tres hijos y la madre de Mary, encuentran en una nueva iniciativa empresarial una oportunidad para cambiar de vida. Con sus pocos ahorros, Mary emprende un negocio de venta de arenques que permitirá a la familia acceder a una posición privilegiada en la sociedad inglesa.
Las creadoras Loren McLaughlan y Amy Roberts adaptan las novelas del escritor inglés C. L. Skelton, un drama de época situado en 1890 que, aunque parte de un planteamiento atractivo, pierde fuerza a partir de la mitad de la primera temporada. La narración se vuelve algo tediosa, con secuencias lentas, escasos giros y situaciones que se repiten sin aportar nada nuevo al desarrollo de la trama.
Ayúdanos a sacar adelante Aceprensa. Suscríbete o haznos un Bizum (10010) por la cantidad que quieras.
En el apartado técnico, destaca especialmente el diseño de producción, que recrea con detalle la Inglaterra de la época y sus contrastes socioeconómicos. La ambientación constituye una de las principales virtudes de la serie, mientras que algunas interpretaciones del reparto, con Claire Cooper y Liam McMahon al frente, resultan algo forzadas. Asimismo, los diálogos tampoco están a la altura de la historia y restan profundidad a algunos de los conflictos que plantea.
Aun así, Los Hardacre gustará a los amantes del género, especialmente por el arco de transformación de sus protagonistas. La superación personal, el valor del trabajo, la fidelidad a la propia identidad y el amor a la familia atraviesan un relato que invita a reflexionar sobre el precio del ascenso social. De este modo, la unión familiar y el apoyo mutuo se erigen como un contrapunto a las apariencias y los prejuicios de una sociedad que juzga a las personas por su posición económica.