Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian

Guión: Andrew Adamson, Christopher Markus, Stephen McFeely. Intérpretes: William Moseley, Anna Popplewell, Georgie Henley, Skandar Keynes, Warwick Davis, Ben Barnes, Peter Dinklage, Sergio Castellitto, Shane Rangi, Alicia Borrachero, Damián Alcázar, Pierfrancesco Favino, Vincent Grass, Simón Andreu. 140 min. Todos-Jóvenes.

Narnia está gobernada por los telmarinos, hombres que se han establecido allí desplazando a las criaturas mágicas. Miraz, el hermano del difunto rey telmarino, acaba de ser padre de un niño varón, por lo que peligra el acceso a la corona del legítimo heredero, el príncipe Caspian. Aconsejado por su tutor, el doctor Cornelius, Caspian huye precipitadamente por la noche al bosque, donde se encuentra con las criaturas de la antigua Narnia, que él creía eran pura leyenda. También hará sonar un cuerno que, según las viejas historias, sirve para convocar ayuda en tiempos de dificultad.

Y en efecto, los hermanos Pevensie, Peter, Susan, Edmund y Lucy, que se encuentran en el andén del metro en el Londres de 1941, un año después de los sucesos narrados en Las Crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario, llegan de modo mágico a Narnia. Se encuentran un lugar muy distinto al que dejaron tiempo atrás, pues lo que para ellos ha sido un año en el mundo normal, en Narnia han sido siglos. La época en que los hermanos fueron reyes ha quedado sepultada por el discurrir del tiempo, suena a algo legendario, e incluso narnianos como el enano Trumpkin no tienen claro que exista de verdad alguien como Aslan, el majestuoso león que dio su vida antaño por Narnia. Mientras Caspian trata de persuadir a las criaturas de Narnia para que le ayuden a derrotar al usurpador Miraz, ofreciéndoles recuperar la forma de vida de tiempo atrás, aparecen los Pevensie, dispuestos a ayudarle en la tarea.

Nueva y apasionante entrega de Las Crónicas de Narnia, la saga fantástica de C.S. Lewis integrada por siete volúmenes. Y aunque estamos ante un relato fantástico, se opta por un inteligente realismo: lo que vemos, parece que está sucediendo en un mundo diferente pero auténtico. Aquí se adapta el segundo de los libros del autor inglés, de nuevo con Andrew Adamson tras la cámara, y con él mismo y los guionistas Christopher Markus y Stephen McFeely. Hay un claro esfuerzo de fidelidad al original, al tiempo que un modo inteligente de no separar demasiado las líneas argumentales de Caspian desvalido preparándose para enfrentarse a su tío Miraz, y de los Pevensie redescubriendo Narnia. Además, tras el enorme éxito del film precedente, el presupuesto de la nueva entrega ha sido más generoso, lo que se nota en el diseño de producción, en las escenas de batallas, y en el empeño de cuidar mejor la creación de las criaturas fantásticas, y su integración en las diversas escenas.

Quizá este deseo de aprovechar la coyuntura, incluso inventando un asalto al castillo de Miraz, para ensanchar el aire épico de la narración, perjudica un poco al conjunto, se acaba prestando demasiada atención a la parafernalia de los efectos especiales. Y eso que en tal sentido se logra una pasmosa perfección, en que se imaginan las circunstancias concretas de cómo discurren las batallas, con elementos ocurrentes de estrategia, o se atrapa la emoción de los diversos duelos y desafíos. El problema es que ese hacer todo “a lo grande” quita algo de fuerza a los personajes y a sus conflictos.

La apuesta en esta ocasión es abordar el tema de la fe, cuando la presencia y la ayuda de Aslan no son tan evidentes como en la anterior aventura. Si en El león, la bruja y el armario el sacrificio del león era patente, aquí Aslan no se deja ver, es una etapa de oscuridad, en que la tentación para Peter es confiar sólo en sus propias fuerzas en la tarea de ayudar a Caspian; esto le conduce a la arrogancia y a la confrontación, mientras que en el caso del príncipe surge la opción de ceder a las seductoras garras del mal. También Lucy, la más cercana a Aslan, a quien ve en sueños, pasa por la prueba del miedo, de considerarse demasiado pequeña e indefensa para poder actuar. En definitiva, y de acuerdo con el fondo cristiano de la saga de Lewis, se está hablando de la necesidad de confiar en Dios para afrontar los problemas. Y se señala cómo toda actuación, acertada o errónea, tiene consecuencias.

Un terreno en que la saga Narnia acierta plenamente, tanto en este film como en el anterior, es el del reparto. En vez de acudir a actores archiconocidos, se ha seleccionado a intérpretes muy buenos y que encajan en sus personajes, pero no muy reconocibles para el gran público. Aquí hay que aplaudir el trabajo de Sergio Castellitto como el villano Miraz, al que compone como un personaje ambicioso pero muy humano, alejándose de la trampa del histrionismo; se sigue así la línea marcada antes por Tilda Swinton con su Bruja Blanca, que tiene aquí una breve aparición. También están bien en el bando de los telmarinos Damián Alcázar, Pierfrancesco Favino y Simón Andreu, que junto con Alicia Borrachero conforman un grupo de intérpretes latinos muy coherente. Además es un acierto la elección de Peter Dinklage (Vías cruzadas, Declaradme culpable) para dar vida al enano Trumpkin.

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