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De Francia llega una coproducción con España dirigida por Philippe Le Guay con reparto de ambos países. Ambientada en el París de principios de los sesenta, describe la vida de un grupo de inmigrantes españolas, que viven en la última planta del edificio donde trabajan como sirvientas para familias acomodadas.

El dueño del edificio, un importante agente de Bolsa, empieza a sentir una creciente fascinación por su criada María, que le hace ir cambiando su forma de mirar la vida.

A pesar de su tono de relativismo moral, esta película es mucho más fiel a la realidad de la España del franquismo que tantas películas españolas puramente ideológicas. La descripción de esas criadas, de vida dura pero rebosantes de alegría, sincera piedad católica y lealtad solidaria, supone un retrato muy humano y real de la emigración española de aquellos años. Es cierto que la película es pequeña, de pretensiones modestas, y con ciertas concesiones complacientes, pero el resultado es entrañable, positivo, y propone un modelo de vida en el que ser es más importante que tener y aparentar.

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