La ceremonia

TÍTULO ORIGINAL La ceremonie

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Director: Claude Chabrol. Guión: Claude Chabrol y Caroline Eliacheff. Intérpretes: Isabelle Huppert, Sandrine Bonnaire, Jacqueline Bisset, Jean-Pierre Cassel. 118 min.

Se ve que es un argumento querido este de Las criadas de Jean Genet: últimamente se han realizado varias películas de criadas que asesinan a sus señores. En todo caso ésta se basa en la novela La mujer de piedra, de Ruth Rendell. Chabrol dice que será su última película marxista. Marxista, en tanto que en ella -supongo- la lucha de clases (criadas contra señores) es causada por puro odio: no hay opresión patronal que excuse de algún modo la violencia con el derecho a la justicia; y en La ceremonia hay, a más de justicia, trato amable y familiar con las criadas.

Ha sido casi una constante en la obra de Chabrol la truculencia, y un regusto por mostrar vicios y errores de una cierta burguesía, con parcialidad, desde un prejuicio inexplicado. Esto le ha llevado a hacer unos retratos sociales cerradamente negativos, a dar una visión de los hombres sólo necia o egoísta en unos y de asesina revancha terrorífica en otros. Algo semejante sucede en La ceremonia.

Una joven sirvienta es contratada por una rica familia con dos hijos adolescentes; parece que los informes de su anterior señora son satisfactorios, pero poco a poco se va descubriendo su oscuro pasado y su turbia personalidad, así como los de una amiga, empleada de Correos del pueblo donde los señores viven, en una magnífica villa aislada. Ambas llevarán a cabo un espeluznante festival de sangre.

Chabrol construye una narración cálida, llena de naturalidad, sin el recurso a fáciles efectismos ni estridencias, de ritmo pausado, elegante. A esta elegancia cooperan la de Jacqueline Bisset y su medida interpretación, la atractiva fotografía, la entonada conjunción de colores y objetos… y el leve contraste inquietante de los tipos que componen Sandrine Bonnaire e Isabelle Huppert, en un gradual y taimado desvelamiento de su absurda maldad.

La película alcanza la calificación de sobresaliente si se mira sólo como relato de serie negra. Si Chabrol pretende más, pierde.

Pedro Antonio Urbina

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