La boda del monzón

Guión: Sabrina Dhawan. Intérpretes: Naseeruddin Shah, Lilette Dubey, Shefali Shetty, Vijay Raaz, Tilotoma Shome. 119 min. Jóvenes-adultos.

La india Mira Nair sorprendió en 1988 con Salaam Bombay, pero cayó después en la mediocridad en Mississippi Masala, Cuando salí de Cuba y Kamasutra. Ahora recupera la frescura en La boda del monzón, León de Oro a la mejor película en el Festival de Venecia 2001.

El complejo guión de Sabrina Dhawan se centra en una boda concertada entre dos familias indias, occidenta-lizadas y de buena posición. El evento reúne en una zona residencial de Delhi a numerosas personas, algunas venidas desde lejanos lugares. En ese contexto se entrecruzan cinco historias de amor y desamor, todas ellas muy representativas del duelo entre tradición y modernidad, materialismo y espiritualismo, hedonismo y dominio de sí, individualismo y solidaridad.

Al guión le cuesta arrancar, quizá por su carácter coral y porque se esfuerza en explicar la abigarrada cultura india y la contagiosa alegría de vivir de los habitantes de la región de Punjab. Esos afanes suponen una gran variedad de puntos de vista, valorados inicialmente con una fría igualdad, que podría entenderse como frívolo permisivismo. Sin embargo, a mitad de metraje, la directora enfoca por fin su propia perspectiva, y desarrolla un retrato muy luminoso de la institución familiar, firmemente cimentada sobre el amor comprometido, y con la lealtad, la sinceridad y el cariño como valores básicos de sus relaciones.

Esta conmovedora exaltación de la vida -que bebe en el humanismo de Satjatit Ray, John Ford, Frank Capra y tantos otros- se plasma en una vibrante puesta en escena. En ella, la cámara vuela de personaje en personaje y de trama en trama, mientras capta el apabullante colorismo de Delhi al ritmo de una banda sonora ideal para deprimidos. Esta vigorosa emotividad se refuerza con los expresivos rostros de los actores, que llevan sus interpretaciones hasta el borde mismo del histrionismo.

Quedarán trazos sin pintar o solo esbozados en este poderoso fresco. Y quizá algún que otro brochazo deforma sus entrañables retratos humanos. En cualquier caso, La boda del monzón es la mejor película de Mira Nair y un excelente modelo de cómo dar alcance universal a una anécdota aparentemente nimia y local. Y, desde luego, la maravillosa historia de amor entre el sufrido organizador de bodas y la tímida criada cristiana merece estar en las antologías del cine romántico.

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