Hotel Sorrento

Director: Richard Franklin. Guión: Richard Franklin y Peter Fitzpatrick. Intérpretes: Caroline Goodall, Caroline Gillmer, Tara Morice, Joan Plowright, Ray Barrett. 112 min.

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Interesante película australiana que adapta la obra teatral de Hannie Rayson. Describe el drama de tres hermanas que se reencuentran, después de años de separación, en su vieja casa familiar de Sorrento, un pueblo marinero de Australia. El conflicto estalla con la llegada desde Londres de Meg, prestigiosa escritora cuyo último libro autobiográfico, Melancolía, ha reabierto viejas heridas.

Con esta película, el australiano Richard Franklin (Psicosis 2, F/X 2) da un notable giro a su mediocre carrera. Su rigurosa puesta en escena integra con brillantez los ricos elementos ambientales y antropológicos de la obra original. Sus encuadres y movimientos buscan con ahínco cada efecto de luz, cada gesto, cada “pequeña pincelada”, para resaltar unas interpretaciones magníficas que llevan al espectador hasta el fondo del alma de los personajes. Surgen así unas cuantas secuencias de gran intensidad dramática, embellecidas por la fotografía de Geoff Burton y por la banda sonora de Nerida Tysson-Chew.

Esta misma solidez se aprecia en el tratamiento de los temas que plantea la historia. En un nivel superficial, la película enfrenta, con inteligente ironía, los modos de ser australiano, británico y norteamericano, sobre todo en lo referente a la expresión de los sentimientos íntimos. En un nivel más profundo, se reflexiona sobre la sinceridad y la lealtad en las relaciones familiares, la necesidad de la reconciliación, la fortaleza ante el sufrimiento y los dramas que conlleva la creación literaria cuando tiene implicaciones personales. El tono es amable, elegante y culto, y evita el cinismo. Pero se opta por una conclusión abierta que no resuelve las cuestiones morales que se plantean. Más bien incita al espectador a que sea él quien cribe y asuma las aportaciones de cada personaje.

Esta opción puede parecer acomodaticia, sobre todo respecto a la religión, que uno de los personajes presenta frívolamente como un recurso escapista para no enfrentarse con la realidad. Sin embargo, no empaña la calidad de este intenso melodrama, que vuelve a demostrar la riqueza de la ecléctica cultura australiana.

Jerónimo José Martín

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares