Hable con ella

Director y guionista: Pedro Almodóvar. Intérpretes: Javier Cámara, Darío Grandinetti, Leonor Watling, Rosario Flores, Paz Vega, Fele Martínez, Geraldine Chaplin. 112 min. Adultos.

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Parece que, por fin, Pedro Almodóvar se está haciendo mayor. De modo que casi ha olvidado las frívolas tontadas que le hicieron famoso -y que algunos todavía elogian- y se está lanzando a indagar con cierta seriedad en la compleja alma humana. Apuntó maneras, pero no encontró el tono adecuado, en La flor de mi secreto. Se estrelló después, por demasiado sórdido, en Carne trémula. Y finalmente tocó fibra en Todo sobre mi madre, con la que triunfó internacionalmente. Ahora, en Hable con ella salta de los sentimientos maternales a los amores generosos y apasionados, presentados como el único remedio eficaz contra las soledades del egoísmo.

Así se podría resumir la radical transformación que viven los protagonistas de la película: dos hombres heridos y solitarios que, paradójicamente, encuentran sentido a sus vidas al relacionarse con dos mujeres obligadas por el destino a mantenerse en completo silencio. Benigno -un maternal y enmadrado enfermero que hace honor a su nombre- lo encontrará cuidando amorosamente de una bella bailarina en coma. Por su parte, Marco, un sensible escritor y periodista de origen argentino, lo hará ayudando a una torera de raza cuyo mal de amores la lleva al borde de la muerte. Benigno y Marco se harán amigos en un lujoso hospital de Madrid. Y, desde entonces, gozarán juntos con la sorprendente elocuencia de los cuerpos inertes y de las palabras amigas, y sufrirán juntos con las locuras del amor cuando se transforma en pasión enfermiza.

Todo lo dicho hasta ahora suena muy bonito, y ciertamente anima unas cuantas escenas puntuales, plenas de emotividad y hondura, en las que vibran al unísono las espléndidas interpretaciones, la poderosa puesta en escena, la deslumbrante fotografía de Javier Aguirresarobe y la preciosa partitura de Alberto Iglesias, completada con canciones de Rufino Almeyda, Caetano Veloso y Vinicio de Moraes. También funcionan bien algunos de los contrapuntos cómicos con que el director manchego oxigena su desbordado melodrama.

Sin embargo, otros de estos contrapuntos de humor -por ejemplo, el cortometraje surrealista El amante menguante- rompen el tono con su grotesco recurso a lo soez, lo obsceno o lo irreverente. Y, en la resolución, Almodóvar se deja llevar por su tendencia hacia lo sórdido, y estropea bastante el personaje de Benigno. Hasta el punto de que uno tiene la sensación de haber sido engañado. Menos mal que el abierto epílogo nos devuelve al Almodóvar sutil, elegante y emotivo que hemos gozado en unas cuantas secuencias de esta película irregular pero interesante.

Jerónimo José Martín

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