Gladiator

Gladiator

TÍTULO ORIGINAL Gladiator

PRODUCCIÓN EE.UU. - 2000

DURACIÓN 155 min.

PÚBLICOJóvenes

CLASIFICACIÓNViolencia

ESTRENO19/05/2000

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El astuto Steven Spielberg tiene un olfato que combina la mentalidad del productor, preocupado por la taquilla, con su vieja máxima de que quiere hacer aquellas películas que a él, como espectador, le gustaría ver. Así las cosas, alguien que dio nueva vida al cine de aventuras (En busca del arca perdida) y al de ciencia-ficción (Encuentros en la tercera fase), logra resucitar un género que parecía absolutamente muerto: el peplum o cine de romanos. Para ello ha tenido la inteligencia de confiar el film a Ridley Scott, que estaba bastante apagado tras sus trabajos en Tormenta blanca y La teniente O’Neil. El inglés logra su mejor título desde Thelma y Louise.

La película nos lleva al año 180. Los romanos combaten a los bárbaros junto al río Danubio. Tras la victoria romana, el anciano emperador Marco Aurelio convoca a su fiel general Máximo. En confidencia le explica la poca confianza que le inspira su hijo Cómodo, como posible sucesor. Y le desvela un plan para llevar a Roma de nuevo a la República. Pero las cosas se precipitan, el César muere y Cómodo intenta eliminar a Máximo y a su familia. El antiguo general se convierte en esclavo y, tras un tiempo, en gladiador. Con su nueva condición espera organizar su particular venganza.

Entretenimiento puro. Así hay que juzgar un film que no busca en ningún momento el rigor histórico, y apuesta en cambio por el espectáculo, tomando elementos de Ben-Hur y Espartaco. Tenemos magníficas escenas de batallas, y de la lucha en la arena del Coliseo. Eso sí, servidas con una cruda violencia, con un montaje demasiado vertiginoso y con efectos copiados de Salvar al soldado Ryan, de Spielberg. La reconstrucción de Roma, con maquetas y efectos de ordenador, es deslumbrante. Ante tal panorama, uno puede abandonarse, disfrutar de la fascinante fotografía o de la épica banda sonora.

Si uno analiza a fondo el guion, puede llevarse alguna decepción. En algunas secuencias –la lucha final en la arena, la muerte de Marco Aurelio–, hay que esforzarse mucho para darlas por creíbles. Pero ayudan a salvar esas lagunas las excelentes interpretaciones: los dos antagonistas, Russell Crowe y Joaquin Phoenix, están magníficos; y entre los secundarios es obligado citar a Richard Harris y al fallecido Oliver Reed.

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