Félix

Félix

TÍTULO ORIGINAL Félix

PRODUCCIÓN España - 2018

DURACIÓN 50 min.

PÚBLICOAdultos

CLASIFICACIÓNViolencia, Sexo

ESTRENO06/04/2018

PRODUCTORAS

GÉNEROS

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Una producción de alto standing, un generoso presupuesto (que no ha sido revelado), un reparto consistente –liderado por Leonardo Sbaraglia– y un director de prestigio: Cesc Gay. Estos son los mimbres en los que se apoya Félix, la serie que estrena Movistar el 6 de abril y que compite, esta misma semana, en la primera edición de Cannesseries, un Festival Internacional de Series que responde a una tendencia que se ha convertido en fenómeno social: una parte importante del público ha migrado de las salas de cine a su cuarto de estar y, con ellos, cada vez más cineastas solventes cuentan sus historias en episodios.

Félix, una serie que se estrena con una temporada de 6 capítulos de 40 a 50 minutos, es un producto difícil de clasificar. Cuenta la historia de un buen hombre, argentino, padre soltero, profesor de literatura y escritor que vive en Andorra para poder estar pendiente de su hijo. La serie arranca con una desaparición, la de una mujer asiática con la que Félix ha mantenido una relación ocasional y de la que –aquí, el problema– está profundamente enamorado. Lo que empieza como tragicomedia pasional, con amplias dosis de ambientación prostibularia, va girando –a partir del final del primer capítulo– hacia un thriller policiaco con importantes dosis de crítica sociopolítica. Por la serie van apareciendo periodistas, empresarios, políticos y, sobre todo, muchos chinos, pues la cosa va de la mafia asiática. Sin perder nunca –es el fuerte de la serie– el peso del protagonista: un hombre humilde, sencillo y algo ingenuo que hará lo que haga falta por encontrar al amor de su vida.

La narración se sostiene gracias a la idea de que, en un entorno de corrupción y malicia, la inocencia y la bondad pueden convertirse en un poderoso imán

Un gran guionista

Se nota, y mucho, que Cesc Gay (Truman, Una pistola en cada mano) es, sobre todo, un gran guionista. El cineasta barcelonés –que ha escrito la historia con su coguionista habitual, Tomàs Aragay– confirma su buena mano para el diálogo y la construcción de personajes. Gay es capaz de sostener la narración en su protagonista gracias a una idea que, aunque no es original, sigue funcionando: en un entorno de corrupción y malicia, la inocencia y la bondad pueden convertirse en un poderoso imán. Hay que reconocer que no es fácil llevar esta idea a la pantalla -en términos cinematográficos siempre se ha vendido mejor el mal que el bien– pero, si manejas con inteligencia el humor y aciertas en el casting, la fórmula funciona. Aquí, Cesc Gay juega bien la carta del contraste, que da lugar a un tono surrealista entretenido y a un par de gags hilarantes, y ha hecho diana al apostar por Leonardo Sbaraglia: después de un par de capítulos no podríamos pensar en otro Félix.

Al margen del protagonista y de la escritura, la mano de Cesc Gay se nota también en la creación de ambientes. Como en Ficción, En la ciudad o en la propia Truman, Gay sabe envolver sus historias en la atmósfera necesaria. Aquí, la capital de Andorra, con sus paisajes nevados, su percepción de territorio-límite y su etiqueta –y realidad– de opacidad, funciona como un escenario perfecto para situar los turbios manejos de los diferentes personajes. En el imaginario colectivo, por otra parte, la serie conectará con otros paisajes nevados (Fargo) y helados (Twin Peaks), series con las que Félix no solo comparte el frío.

Historia estirada

El protagonista es un hombre humilde, sencillo y algo ingenuo que hará lo que haga falta por encontrar al amor de su vida

De todas formas, no todo es redondo en Félix. Los que conozcan la filmografía del cineasta catalán quizás echen de menos la contundencia narrativa de sus películas. Cesc Gay es un autor, no es un director comercial, y sus carencias se aprecian más en esta serie que en cualquiera de sus películas. Es un narrador, no un malabarista, acostumbrado a llevar al espectador desde el principio hasta el final, no a manejar subtramas en el aire para tirar de los hilos cuando convenga (leáse empiece un nuevo capítulo). Gay no necesita 400 minutos para desarrollar su personaje; de hecho, lo esculpe en los primeros 50. No precisa largos tiempos de cocción, trabaja mejor en el tramo corto. De hecho, aunque la serie va creciendo en intensidad e interés a medida que avanzan los episodios, hay algunos momentos en los que se percibe el estiramiento y un cierto agotamiento de los temas.

Aquí está la segunda grieta de la serie: a pesar de que Félix aborda algunas cuestiones de calado –en especial los mecanismos que llevan de la corrupción personal a la social–, hay una cierta superficialidad a la hora de abordar las causas y consecuencias de estas estructuras injustas. Hay una inmoralidad latente, más o menos explícita, que termina por rodear con condescendencia comportamientos que quizás necesitarían un juicio más severo: desde las actitudes machistas de algunos personajes, muy insistente en algunos tramos, hasta la violencia para terminar con tus enemigos. Quizás más que condescendencia es frialdad, y más que planteamiento de fondo es consecuencia del tono de la serie. En cualquier caso, que nadie espere lecciones morales de Félix. Aunque por otra parte, Cesc Gay nunca las ha dado y sería raro que las diera ahora.

Ana Sánchez de la Nieta
@AnaSanchezNieta