¿En qué piensan las mujeres?

TÍTULO ORIGINAL What Women Want

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Directora: Nancy Meyers. Guión: Josh Goldsmith y Cathy Yuspa. Intérpretes: Mel Gibson, Helen Hunt, Marisa Tomei, Alan Alda, Ashley Johnson, Mark Feuerstein. 130 min. Jóvenes-adultos.

Mel Gibson encarna a Nick Marshall, “el peor machista, mujeriego y políticamente incorrecto del mundo”, según su “ex” Gigi (Lauren Holly). Se trata de un ejecutivo de publicidad atractivo y triunfador que, en lugar del ascenso que espera, se encuentra con que tiene un nuevo jefe, su alter ego femenino, Darcy McGuire (Helen Hunt), una mujer muy competitiva. Un accidente doméstico -caída en la bañera con descarga eléctrica incluida- le dará un don especial: podrá oír en su cabeza lo que piensan las mujeres. Lo que empieza como una pesadilla acaba convirtiéndose en una ventaja; saber lo que piensan las mujeres puede ser ideal para dominarlas, para su marketing dirigido a mujeres, para seducirlas y, en el caso de su jefa, para superarla y sustituirla. Pero de tanto escuchar a las mujeres las empieza a conocer, a comprender, y eso puede ser peligroso para el viejo Nick Marshall.

Nancy Meyers tenía una sólida reputación como guionista y productora antes de dirigir Tú a Londres y yo a California, su primer largometraje en solitario. Le gusta la comedia romántica de corte clásico, y el producto que ofrece ahora solo se puede entender en ese contexto. Hay películas que agradan y dejan un buen sabor de boca, aunque no resisten un mínimo análisis narrativo. ¿En qué piensan las mujeres? arranca con una presentación al estilo de Stanley Donen, en la que se narra la infancia de Nick, (mal)criado entre cabareteras de Las Vegas, lo que explicaría su actitud ante las mujeres. Ahora, tras un pequeño milagro al estilo de Frank Capra, el protagonista se convierte en un ser mejor, lo que conduce la trama hacia los senderos architrillados de un romance previsible y con final feliz.

Sin embargo, la cosa funciona. Se puede decir que Helen Hunt tiene un don particular para mejorar a los hombres más peculiares: Jack Nicholson, Kevin Spacey y ahora a Mel Gibson. Se puede decir también que Mel Gibson llegó al plató para reírse de sí mismo, y no perdona tópico alguno referido a su persona, llegando al extremo de declararse gay. En su ayuda acude un notable plantel femenino que, con la excepción de Marisa Tomei (Lola) -que se toma su papel muy en serio-, tiene muy claro que está haciendo una comedia.

Queda así una historia retro, agradable, colorida y bien intencionada, en la que, como mandan los cánones de Hollywood, el duelo Hunt-Gibson sostiene todo lo demás.

Fernando Gil-Delgado

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