En lo profundo del océano

TÍTULO ORIGINAL The Deep End of the Ocean

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Director: Ulu Grosbard. Guión: Stephen Schiff. Intérpretes: Michelle Pfeiffer, Treat Williams, Jonathan Jackson, Ryan Merriman. 112 min. Jóvenes-adultos.

Beth Cappadora (Michelle Pfeiffer) acude con sus tres hijos pequeños a una reunión de antiguos alumnos de su instituto. Allí perderá a Ben, su hijo de tres años. El niño no aparecerá, y la crisis personal y familiar que provoca su desaparición sólo la irá superando Beth con el tiempo y con el cariño de su marido, Pat (Treat Williams). Nueve años más tarde, la policía encuentra a Ben. Devuelto a su familia, el chico no es feliz: no reconoce a nadie, no recuerda nada y echa de menos a su padre adoptivo, a quien quiere de verdad. Beth toma una dolorosa decisión para bien de su hijo.

Ulu Grosbard (Georgia, The Subject Was Roses) adapta correctamente una novela que ha sido un best-seller en Estados Unidos. El director decidió abordar la historia con la frialdad que merece el suceso que narra, considerado como noticia. Ese planteamiento se ve recompensado con una eficaz entrada en materia: el secuestro, la policía, los reporteros… Sin embargo, la trama pierde fuerza al tratar la crisis matrimonial de la familia Cappadora y su lenta recuperación. La grandes interpretaciones de Michelle Pfeiffer y Treat Williams convencen pero no conmueven. Al contrario, los personajes secundarios han sido cuidados con esmero: el problemático hermano mayor, el padre adoptivo o la detective Candy Bliss no necesitan más de una escena para expresar sus sentimientos.

El guión -no sé si también la novela- incluye los detalles políticamente correctos de rigor. Así, la detective se declara lesbiana; por su parte, los Cappadora son católicos, pero sólo se sabrá tras la recuperación del hijo, cuando van al templo en ecuménica acción de gracias… En todo caso, nada que ver con la auténtica religiosidad que muestra, por ejemplo, otra familia italoamericana con problemas en El aceite de la vida.

Fernando Gil-Delgado