El prisionero de Zenda

Guión: John L. Balderstone, Noel Langley. Intérpretes: Stewart Granger, Deborah Kerr, James Mason. 95 min.

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A principios del siglo XX, en un país de los Balcanes van a coronar al nuevo rey, Rodolfo, que es secuestrado por sus rivales, dentro de un complot para que el hermano del rey suba al trono. Los fieles a Rodolfo convencen a un turista inglés para que suplante al rey mientras intentan liberarlo.

Una de las grandes películas de aventuras de principios de los 50, adaptación de la simpática, trepidante y muy romántica novela del abogado inglés Anthony Hope, publicada en 1894.

Prototípica producción aventurera de la rugiente Metro-Goldwyn-Mayer, resulta deliciosa gracias a la sabia dirección de Thorpe (un todoterreno autor de películas muy populares como Ivanhoe, Todos los hermanos eran valientes, Quintin Durward y Los caballeros de la Mesa Redonda), a la calidad de la puesta en escena y a un reparto sencillamente perfecto, con una guapísima Deborah Kerr (nunca ganó el Oscar, al que aspiró 6 veces) en el papel de la dulce princesa Flavia y el distinguido Granger (29 años tenía el actor londinense) en su doble papel del tarambana rey Rodolfo V de Ruritania y de su primo, el inglés Rodolfo Russendyll.

Uno de los mejores malos de la historia del cine, el simpar James Mason, es el distinguido y taimado Rupert de Hentzau. Verdaderamente, los buenos son más buenos cuando tienen enfrente a malos tan rematadamente buenos, ejem, malos.

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