Después de tantos años

Director: Ricardo Franco. Intérpretes: Juan Luis, Leopoldo María y Michi Panero.

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Hace casi veinte años, Jaime Chávarri realizó con El desencanto una película social y culturalmente emblemática de un momento de España. La historia era la de la viuda y los tres hijos del poeta Leopoldo Panero, muerto unos doce años antes, en referencia constante a él. Acabado el periodo de la España de Franco, en ella se quiso ver y se vio… algo así como un aguafuerte de Goya: los desastres de la guerra, entendiendo por desastre los tres jóvenes Panero, la juventud española, y por guerra, lo franquista, causa de todos los males. En cambio, Felicidad Blanch, la viuda de Panero, era el contrapunto de maternal comprensión, de serena elegancia, de femenina belleza.

De nuevo ahora, muerta la madre, habiendo seguido los tres hijos caminos, si no dispares, distantes, retoma Ricardo Franco el hilo caído “después de tantos años”, veinte años. “La muerte de mi madre fue algo así como si Vivien Leigh hubiera muerto en mitad de Lo que el viento se llevó”, dice Michi.

Docudrama, monografía, soliloquio… y todo lo contrario. Volvemos a ver y a oír a Juan Luis (solo en el Ampurdán, disfrazado de dura autosuficiencia), a Leopoldo María (lúcido interno en el manicomio de Mondragón) y a Michi (aquejado de una grave enfermedad y de una imposible elegancia), en una seductiva trama de fracasos y ruinas, egoísmos y olvidos, y sin embargo vida; el tiempo ha pasado y quedan sus estragos, y sin embargo queda esperanza.

Con una humildad hermosa, en los títulos de crédito Ricardo Franco ha hecho poner: “Dirección de Ricardo Franco y de Gonzalo Berridi”. Berridi es el director de fotografía, que, ciertamente, ha dado una sola voz con la de Ricardo Franco, y con la música. Y ése es el mejor aplauso, ese perfecto acorde entre imagen y palabra, y sonido.

Película dura, tremenda y negra, humana, espiritualmente impúdica; por serlo tanto, no me invita a escribir más, sino que animo a la gran minoría a verla. No sé si será de nuevo emblemática, pero es una genial y bellísima cosa rara.

Pedro Antonio Urbina