Comer, beber, amar

TÍTULO ORIGINAL Eat, Drink, Man, Woman

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Director: Ang Lee.Intérpretes: Sihung Lung, Sylvia Chang, Chien-Lien Wu.

Tras el éxito de El banquete de boda, Ang Lee cuenta otra nueva historia familiar de Taiwán. Es una historia occidentalizada, no sólo porque él lo esté o Taiwán lo esté, sino porque piensa en el mayor número de público no oriental. Así, tras ese esfuerzo de adaptación, su película parece cobrar carácter de universalidad, como han confirmado sus candidaturas al Globo de Oro y al Oscar a la mejor película en habla no inglesa.

La familia sufre una crisis, que en cada cultura se manifiesta con sus peculiaridades, especificadas -y en la película es el nudo de la historia- por la llamada liberación de la mujer. Este conflicto -el de la mujer que no quiere ser el quicio de la familia- es el que presenta Ang Lee, con seriedad y casi patetismo, aunque disimulado tras algunos toques de humor, aparente ligereza, exotismo visual, y con una implícita, pero clara, postura a favor de la familia.

Un viudo, cocinero profesional, vive con sus tres hijas. Profesora una, cristiana y casi solterona. Otra es una ejecutiva triunfadora. Y la más joven es camarera. Por sus trabajos y vidas independientes -no siempre ejemplares-, el padre las reúne los domingos en la mesa con un almuerzo suculento y de bellísima presentación. La casa se irá deshaciendo y, con ella -al parecer-, la familia, las costumbres, tradiciones y credos.

El guión, con la intervención de Ang Lee, está escrito por una mujer, Hui-Ling Wang, y se advierte en tantos aspectos, en especial en el trazo psicológico de las tres mujeres. Tal vez el padre, el hombre, quede más desdibujado; pero eso se convierte en algo positivo para la misma actitud que adopta: ya que no lo hacéis vosotras, las mujeres, lo haremos nosotros los hombres; y para su reacción final: empezar de nuevo. Cabrán otras lecturas, como en toda verdad dicha en arte; ésta es una.

Ang Lee sigue dando pruebas de una gran soltura narrativa al armonizar varios relatos con ritmo, gracia y sencillez. Sin servirse de golpes bajos puede llegar a cierto gran público.

Pedro Antonio Urbina

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