Bwana

Director y guionista: Imanol Uribe. Intérpretes: Andrés Pajares, María Barranco, Emilio Buale. 90 min.

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Un taxista y su mujer, con sus dos niños, van un día de fiesta hacia una apartada caleta de Almería. El taxista muestra su cobardía ante los dueños -contrabandistas- de un chiringuito, donde comen. Solos en la playa, cogen coquinas. Un sainete costumbrista, con la desenvoltura cómica de Pajares, la Barranco, y los niños.

Declina el día y todo se va complicando: han perdido una bujía del coche, el taxista irá a pedirla en vano a los ocupantes de una caravana, neonazis, que se ríen de él; huye asustado con los suyos. Angustiados y con frío, aparece junto a la familia un joven inmigrante negro, que les pide ayuda; su actitud recelosa y el hablar idiomas distintos da pie a otra larga situación cómica. Encuentran la bujía. El fuerte y valiente negro les libra del ataque de los contrabandistas; uno de ellos, subnormal e inofensivo, se queda, y pasan todos la noche junto a una hoguera.

Desde el mediodía, el atardecer, las tierras desérticas, la arena, el mar y las rocas, la noche, la hoguera… ha sido un hermosísimo despliegue de luces y cambios de colores, un paraíso de áspera belleza en el que resalta, incómoda, la mezquindad de sus protagonistas, y cierta grosería, innecesaria, del guión.

Amanece el sol como un milagro grande sobre el mar, y en una alta duna, el joven negro, como un adonis desnudo, parece rezar. Se baña en las aguas frías; y esta limpia estética se rompe con la cómica y poco creíble presencia desnuda de la mujer del taxista. Desde la duna, les contemplan el indignado taxista y los demás. Mientras la mujer se viste avergonzada, bajan todos, y de pronto aparecen, en potentes motos, los neonazis, que con bates de béisbol matan al subnormal y persiguen a muerte al negro desnudo. Es el final. El taxista y su familia huyen en su taxi.

Fotografía espléndida de Javier Aguirresarobe -premiada en el Festival de San Sebastián 1996-, música notable de José Nieto, retrato cómico bien interpretado y narrado y, de golpe, un terrible y cruel final. No me parece que pueda plantearse tesis alguna sobre la inmigración ni sobre el racismo, ni una idea siquiera. Todo es anécdota. Parece excesiva la Concha de Oro ex aequo que recibió la película en San Sebastián.

Pedro Antonio Urbina