Beaumarchais, el insolente

Beaumarchais, l'insolent

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Director y guionista: Edouard Molinaro. Intérpretes: Fabrice Luchini, Manuel Blanc, Sandrine Kimberlain, Michel Piccoli. 100 min.

Pierrre-Augustin Caron de Beaumarchais (1732-1799) fue relojero, músico, dramaturgo (El barbero de Sevilla, Las bodas de Fígaro), político e intrigante, espía al servicio de Luis XV y Luis XVI, negociante poco escrupuloso y muy apegado al dinero. Enviudó dos veces -y las dos se enriqueció-, y se casó por tercera vez. De vida acelerada y disoluta, murió de apoplejía. La película condensa unos veinte años de su vida.

El dramaturgo y cineasta ruso-francés Sacha Guitry dejó un texto inédito, que Edouard Molinaro ha tratado libremente, y el resultado es una discretamente entretenida lección de -por así decir- historia francesa; por así decir, pues esta biografía no pretende ser del todo historia, sino exultación patriótica sobre una figura universal.

A algo se debe la poca simpatía que provoca este Beaumarchais: sin duda al poco genio de Molinaro, tanto en el guión, muy fragmentado, como en la realización, en la que decorados, vestuario, fotografía y música casi sustituyen al director y corren solas un poco cansinamente.

Quizá la propia figura de Beaumarchais no sea arrebatadora, o quizá sea que el actor Fabrice Luchini no arrebate. Un tanto de arlequín debió de tener Beaumarchais, pero mucho más tuvo: capacidad de acción, de organización, inteligencia, creatividad, gracia… A Luchini le falta todo eso, y hasta no demuestra el lado mujeriego de su personaje. Eso no quita que, a cargo de otros, el siglo XVIII francés muestre su lado lascivo y su libertinaje en cuanto falta de respeto a la religión. En resumen, muy bien como libertina clase de historia; sólo discretamente bien como arte cinematográfico.

Pedro Antonio Urbina