Ana Karenina

TÍTULO ORIGINAL Leo Tolstoy's Anna Karenina

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Director y guionista: Bernard Rose. Intérpretes: Sophie Marceau, Sean Bean, James Fox, Alfred Molina, Mia Kirshner, Danny Huston, Phylida Law. 106 min. Jóvenes-adultos.

En el ánimo del que ha leído Ana Karenina de Tolstoi, queda siempre la huella que produjo en él. No sería justo, sin embargo, medir la película sólo en su comparación con la novela, aunque sea irremediable tenerla presente. Otra inevitable referencia la imponen anteriores versiones fílmicas, e interpretaciones del papel de Ana, como la de la mítica Greta Garbo. Sophie Marceau hace una Karenina más humana y cercana, menos de un hierático y supuestamente grandioso siglo XIX. Tal vez le falte un punto de “gran señora”; pero, en todo caso, interpreta su rico personaje -en su amplia gama psicológica y en lo espiritual- de manera sobresaliente y estremecedora.

Gran mérito de Bernard Rose (Amor inmortal) y de sus actores consiste en haber transmitido buena parte de la conmoción moral y religiosa que un adulterio provoca, en sus autores principalmente, aunque también la cruel hipocresía de las convenciones de rango social (manifestada de modo decidido en la madre del conde Vronsky, amante de Ana). Gran mérito y riesgo el decidirse hoy a un tratamiento profundo del adulterio.

Una lectura inteligente de la novela de Tolstoi ha movido también a Bernard Rose a establecer un paralelo -mudo y eficaz- entre la atormentada relación Ana-Vronsky con el limpio noviazgo y matrimonio ejemplar de Levin y la princesa Kitty. No menos inteligente ha sido conservar en lo posible en el guión el texto de los diálogos originales de Tolstoi: la fuerza de su palabra.

Junto a esta fundamental consistencia de los caracteres -pasión, arrepentimiento, soledad y amargura, desesperación-, están los elementos que permiten poner en pie la historia: escenarios naturales en Moscú y San Petersburgo, paisajes bellísimos, magníficos palacios, lujosos interiores, contrastes de miseria, vestuario brillante… y una música, que es reflejo y presencia de una época para una película de época, sí, pero con la permanente universalidad de la grandeza y miseria del alma humana y su destino.

Pedro Antonio Urbina