Amores perros

Director: Alejandro González Iñárritu. Guión: Guillermo Arriaga. Intérpretes: Emilio Echevarría, Gaël García Bernal, Goya Toledo, Álvaro Guerrero, Vanessa Bauche. 153 min. Jóvenes-adultos.

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Magnífico debut del mexicano Alejandro González Iñárritu, quien con 37 años y una sólida carrera en televisión y publicidad, entrega una película fresca, narrativamente vigorosa, que obliga a pensar sobre algunos males que aquejan a nuestra desarrollada sociedad. Candidata al Oscar al mejor film en habla no inglesa, transcurre en Ciudad de México, pero su atinado dibujo de tipos humanos es prueba de su vocación universal.

Las tres historias que vertebran el film están mínimamente relacionadas por un accidente automovilístico -mostrado con energía arrolladora-, y poseen un elemento común: en todas algún personaje tiene un perro. Esto último permite establecer metáforas interesantes entre los canes y sus dueños. ¿Quién es más animal? ¿Los perros amaestrados para pelear en combates ilegales, con mucho dinero de por medio, o los violentos chulos que manejan el cotarro? ¿Esa mascota tan mona, atrapada en el subsuelo de una casa, o la bella modelo cuya vida se derrumba cuando sufre un accidente? ¿El mendigo misterioso al que encargan siniestros asesinatos, asimilado a sus perros, o los elegantes personajes que contratan sus habilidades?

Pero no solo se habla de personajes embrutecidos, sino del anhelo de amor -amores perros- que late en los corazones de todos ellos. El joven que deja que su perro combata desea hacer dinero y comenzar una nueva vida… con su cuñada, de la que está enamorado. Aquel ejecutivo va a romper con su familia, fascinado por una joven… que de pronto se queda inválida. Ese asesino profesional… tiene familia. González Iñárritu pinta con crudeza cuadros humanos complejos que no presentan fácil solución.

Bien pertrechado de un atinado guión de Guillermo Arriaga (su perfecta unidad recuerda a la maña de Quentin Tarantino en Pulp Fiction), el director interpela con sus interrogantes a la conciencia del espectador. Los tres relatos, que presentan un estilo y un tono muy diversos, encajan de un modo que parece casi milagroso. Drama social en ambientes marginales, comedia no exenta de ironía, y una historia con aires de thriller se funden en asombrosa armonía hasta dar un maravilloso fresco que nos recuerda que una vida desorientada puede ser bastante perra.

José María Aresté