Una llamada a la nueva evangelización de los coetáneos

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El Cardenal Antonio María Rouco, arzobispo de Madrid, inauguró la Jornada Mundial de la Juventud en una Misa celebrada ante centenares de miles de jóvenes en la plaza de Cibeles de Madrid.

La llamada a participar en una nueva evangelización realizada por los propios jóvenes entre sus coetáneos resonó desde la plaza donde está la fuente de la diosa Cibeles, símbolo de la tierra, de la agricultura y de la fecundidad. La Cruz que presidía el altar no se veía en contraposición con la diosa griega, cuya fuente se instaló en 1782 y está perfectamente integrada en una ciudad de raigambre católica. Pero en cierto modo era como un recordatorio simbólico de que hoy la fe pugna otra vez por abrirse paso en una sociedad paganizada.

En su homilía de bienvenida el cardenal Rouco quiso destacar que “la principal seña de identidad histórica [de España], ¡de su cultura y modo de ser!, es la profesión de la fe cristiana de sus hijas e hijos en la comunión de la Iglesia católica”. Y, como si quisiera responder a los que ven esto como agua pasada, aseguró que “las raíces cristianas de esta ciudad (…) siguen vivas y vigorosas influyendo en la configuración de su fisonomía social, cultural y humana, pero, sobre todo, de su alma: ¡el alma de sus hijos e hijas!”.

En memoria de Juan Pablo II

Rouco hizo un cordial homenaje a Juan Pablo II, “inventor” en 1985 de las Jornadas Mundiales dela Juventud, cuya memoria se celebraba en la Misa de esa tarde. “Con Juan Pablo II –dijo– se inicia un periodo histórico nuevo, ¡inédito!, en la relación del Sucesor de Pedro con la juventud, y, consecuentemente, una hasta entonces desconocida relación dela Iglesiacon sus jóvenes: relación directa, inmediata, de corazón a corazón, impregnada de una fe en el Señor, en Jesucristo, entusiasta, esperanzada, alegre, contagiosa”.

Esto fue posible con Juan Pablo II, afirmó Rouco, porque “la clave de explicación de toda su vida, consagrada al Señor, a la Iglesia y al hombre, no es otra que su encendido amor a Jesucristo, del que, como San Pablo, no quiso apartarse nunca”, a pesar de las numerosas dificultades que atravesó en su vida.

“Este amor apasionado a Jesucristo es precisamente lo que fascinaba y cautivaba a los jóvenes. Comprendían que de este modo ellos eran queridos y amados por el Papa de verdad: sin halagos, ni disimulos; ni interesada, engañosa o superficialmente; sino con toda la autenticidad del que sólo buscaba su bien, el bien de sus vidas: ¡su felicidad!, ¡su salvación! Y lo buscaba entregando, sin reservase nada, la propia vida”.

Esta invitación al encuentro personal con Jesucristo es también lo que Benedicto XVI propone hoy a los jóvenes: “¡Cristo es, queridos jóvenes, el que os busca y sale al encuentro en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid 2011! Dejarse encontrar por Él es la clave del éxito de toda Jornada Mundial de la Juventud. Y, por supuesto, también de ésta que hoy comenzamos. ¡Será vuestro éxito!”, aseguró Rouco.

Otra generación

Pero el cardenal Rouco también advirtió que la actual generación de jóvenes es distinta de aquella a la que Juan Pablo II despertó en los años ochenta. Vosotros, dijo, “sois la generación de Benedicto XVI. No es la misma que la de Juan Pablo II. Vuestro ‘sitio en la vida’ tiene sus peculiaridades. Vuestros problemas y circunstancias vitales se han modificado. La globalización, las nuevas tecnologías de la comunicación, la crisis económica, etc., os condicionan para bien y, en muchas ocasiones, para mal.” Los jóvenes de hoy, “con raíces existenciales debilitadas por un rampante relativismo espiritual y moral”, se ven expuestos a vacilar en la fe y a perder la orientación en el camino de la vida. Para evitarlo, “el joven de hoy necesita ver a Jesucristo cuando Él le sale al encuentro enla Palabra, en los Sacramentos, ‘también, muy especialmente, enla Eucaristía y en el Sacramento dela Penitencia, en los pobres y enfermos, en los hermanos que están en dificultad y necesitan ayuda’”, según ha dicho Benedicto XVI en su Mensaje.

Frente a las dudas, el cardenal Rouco quiso dar una seguridad a los jóvenes: “Jesucristo os muestra el camino y la meta de la verdadera felicidad. No sólo a vosotros; también a vuestros compañeros y amigos alejados de la práctica religiosa e, incluso, de la fe o desconocedores de la misma. Jesús os busca para enraizarse en vuestro corazón de jóvenes del tercer milenio”.

Participar en la nueva evangelización

Pero, en vez de plantear una actitud defensiva, Rouco invitó a los jóvenes a participar activamente en la nueva evangelización: “Tened presente estos días que el Señor, por medio del Papa, os va a preguntar: ¿aceptáis el formidable y hermoso reto de ‘la nueva evangelización’ de vuestros jóvenes coetáneos?”

“Responded a la renovada llamada de Benedicto XVI con un claro y coherente compromiso de vida”, les pidió. “Se evangeliza con las palabras y con las obras, hoy más que nunca”. Rouco recordó algo que Juan Pablo II decía a los jóvenes españoles en su visita de mayo de 2003, al advertirles que la nueva evangelización es una tarea de todos enla Iglesia: “En ella los laicos tienen un papel protagonista, especialmente los matrimonios y las familias cristianas; sin embargo, la evangelización requiere hoy con urgencia sacerdotes y personas consagradas. Por lo tanto, si en estos días oyes la llamada de Dios “que te dice: «¡Sígueme!», no lo acalles. Sé generoso, responde como María ofreciendo el sí gozoso de tu persona y de tu vida”.

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