Un estudio sobre la religiosidad en España

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Duración lectura: 4m. 48s.

¿Cómo se puede medir la influencia real de la religión en una sociedad? La fotografía variará según se atienda a factores de tipo más cultural -folclore, identificación genérica de la población con una tradición religiosa-, o se centre la mirada en la asistencia al culto, la valoración de la Iglesia en la opinión pública o la vivencia de aspectos concretos de la moral. El informe Perfiles de la situación de la religión en España, dirigido por Josep Miró i Ardèvol (1), es un intento de medir la vigencia de la fe en la sociedad española.

Según las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) -de las que el informe toma la mayoría de los datos-, a finales de 2010 un 71% de los españoles se definía como católico. Entre el restante 29%, excluido el 4% que no contesta, ya llegan al 2,4% los que confiesan otra religión. En el otro 16,7% se encuentran los que se declaran ateos, agnósticos o indiferentes.

Pese a que la valoración de la Iglesia como institución es muy baja -solo los partidos políticos están por detrás-, la mayoría de los españoles quieren símbolos religiosos. Solo un 18% eliminaría los crucifijos de los colegios públicos. Tampoco llegan la 20% los que consideran que el crucifijo ofenda a los no cristianos.

La práctica es otra cosa. Solo un 27% de los encuestados afirman asistir a la iglesia al menos una vez al mes. Los que dicen no asistir nunca son ya el 56%.

Con todo, 2010 ha traído, después de muchos años, un incremento en el número de vocaciones en la Iglesia de España.

Una secularización con historia propia

Si se confrontan las sucesivas ediciones del CIS -y de su predecesor, el Instituto de Opinión Pública- desde finales de los años 60, se observan puntos de inflexión en la historia de la secularización española. En la década que media entre 1965 y 1975, la tasa de los que se consideraban católicos descendió 10 puntos.

En cuanto a la práctica, el mayor descenso se produjo a mediados de los setenta: entre 1973 y 1978 la práctica asidua (al menos una vez a la semana) pasó del 68% al 40%. Sin embargo, muchos de los que abandonaron la práctica asidua siguieron asistiendo ocasionalmente a la iglesia. Fue en los años noventa cuando se produjo un aumento significativo de los no practicantes en sentido absoluto: del 29% en 1990 al 47% en 2005. En 2010, por primera vez, este grupo representa ya más de la mitad de la población (56%).

La juventud, el momento clave

Si se sigue la pista a la práctica religiosa por edades, se observa que el comportamiento de los españoles en este punto no difiere mucho de las pautas generales: se produce un gran descenso en la etapa de la adolescencia y la juventud, y un repunte, aunque leve, en la madurez. Según recogen las encuestas del CIS, un 66% de los españoles acudían a la iglesia al menos una vez a la semana cuando tenían once o doce años.

La etapa universitaria es especialmente crítica. Así se observa en las respuestas de los estudiantes sobre conductas como ser padre sin pareja estable, el matrimonio homosexual, el divorcio, vivir en pareja sin casarse, la eutanasia o la adopción por parte de parejas del mismo sexo. En todas ellas, los universitarios españoles se mostraban más alejados de las enseñanzas católicas que sus compañeros de estudios alemanes, ingleses o incluso franceses. En el único apartado en que los españoles no eran los más condescendientes es el aborto.

Destaca la gran aceptación de la eutanasia entre los universitarios españoles. En una escala de 1 a 10 -siendo 10 la posición más favorable-, la respuesta media se sitúa en el 7,4. Ni en Francia ni en Alemania ni en el Reino Unido llegan al 7. Algo parecido ocurre con la valoración del matrimonio homosexual y la posibilidad de que adopten. Los españoles les dan un 8 y 7,3 respectivamente, mientras que los británicos se quedan en 7,3 y 6,6, y los franceses en un 6,5 y 6.

Menos misa y más horóscopos

A la vez que se constata un descenso en la práctica religiosa tradicional, cada encuesta del CIS confirma el ascenso de la para-religión. El arco de edad más escéptico respecto de la religión, el que va de los 18 a los 35 años, es también el que más credibilidad otorga a los horóscopos, las brujas o los “espíritus”.

Un 30% de los jóvenes de 18 años encuestados creen que existen ciertos espíritus que de alguna manera inciden en su vida, especialmente los de sus antepasados. Un 14% confía en los horóscopos y un 11% cree en las brujas. A los 35, la fe en la para-religión ha disminuido, aunque un 25% sigue dando crédito a los espíritus, un11% a los horóscopos y un 10% a las brujas. Así, se entiende el éxito de programas esotéricos o la proliferación de canales de consulta astral en la TDT.

Otras creencias que merecen la fe de los encuestados son la reencarnación (20%) o el poder de los muertos, en especial los propios ancestros (23%). No obstante, todavía son más los que creen en el cielo (42%) y en el infierno (39%).

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(1) Josep Miró i Ardèvol (dir.), con la colaboración de Jordi Garcia y Alícia Vila, Perfiles de la situación de la religión en España, Institut del Capital Social, Universitat Abat Oliba CEU.