Trump contra Francisco

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Lo que dice el Papa a los periodistas en el vuelo de regreso tras visitar un país, no es lo más importante de esos días. Sin embargo, a veces resulta ser lo más comentado. Hay textos de sobra, elaborados y publicados, para saber qué dice el Papa e informar de ello. En comparación, parece ilógico que adquieran tanto relieve unas palabras improvisadas, en un contexto bastante informal, a las que, por lo mismo, no se puede atribuir gran trascendencia.

Pero eso no es tan extraño si se tienen en cuenta otros aspectos. Por una parte, hoy suscita gran interés la dimensión humana de los personajes públicos, y la espontaneidad con que el Papa habla en el avión facilita ver cómo es y cómo piensa. También ocurre que entonces los periodistas tienen la oportunidad de preguntar lo que quieran, y en bastantes casos plantean al Papa temas polémicos, aunque tengan poca relación con los del viaje. Esto, a su vez, da ocasión a que quienes preguntan, y otros que luego cuentan y comentan las respuestas, se retraten, por el interés que muestran en que el Papa les confirme sus ideas.

El muro de Trump

Volviendo de México, Francisco se refirió a Donald Trump. Dijo que quien, como el candidato republicano, pretende cerrar el paso a los inmigrantes y expulsar a los ilegales que han entrado en Estados Unidos, “no es cristiano”. Trump ha replicado públicamente que “es vergonzoso que un líder religioso cuestione la fe de una persona”. Sus competidores Marco Rubio y Jeb Bush han terciado a su favor. Según Rubio, Estados Unidos no pretende sino controlar sus fronteras, “como hace el Vaticano, que vigila quién entra, cuándo y cómo”. Bush ha dicho que la fe de Trump es una cuestión “entre él y el Creador”. Ben Carson sugiere que “enseñen al Papa una foto de los muros que rodean el Vaticano”.

En medio del tiroteo, uno podría plantearse si Francisco no se ha excedido al negar carácter cristiano al propio Trump, en vez de solo a su postura. También se podría recordar a Trump que él trata igual a Barack Obama, de quien duda que sea cristiano y sospecha que sea musulmán. O que fue él quien empezó todo, llamando a Francisco peón de los mexicanos y diciendo que el Papa no entiende el problema que tiene Estados Unidos con la inmigración.

Pero en este caso, lo más ilustrativo es leer enteras la pregunta del enviado de Reuters durante el vuelo a Roma y la respuesta del Papa. No es evidente que hayan hecho así todos los que han comentado el hecho.

Phil Pulella (Reuters): Usted ha hablado hoy de modo muy elocuente de los problemas de los inmigrantes. Ahora bien, al otro lado de la frontera hay una campaña electoral bastante dura. Uno de los candidatos a la Casa Blanca, el republicano Donald Trump, ha dicho recientemente en una entrevista que usted es un político y además ha dicho que quizá usted sea también un peón, un instrumento del gobierno mexicano para la política de inmigración. Él ha declarado que, si resulta elegido, quiere construir 2.500 kilómetros de muro a lo largo de la frontera; quiere deportar a 11 millones de inmigrantes ilegales, separando así a las familias, etc. Así pues, yo querría preguntarle ante todo qué piensa de estas acusaciones contra usted y si un católico norteamericano puede votar a una persona así.

Papa Francisco: Pero gracias a Dios que ha dicho que soy político, porque Aristóteles define la persona humana como animal politicum: ¡al menos soy persona humana! Y que soy un peón… bueno, quizás, no sé… Lo dejo a vuestro juicio, al de la gente… Y después, una persona que piensa solo en hacer muros, sea donde sea, y no en hacer puentes, no es cristiana. Eso no es el Evangelio. Luego, aquello que me decía, qué aconsejar, votar o no votar: no me inmiscuyo. Solo digo: si dice esas cosas, ese hombre no es cristiano. Hay que ver si ha dicho esas cosas. Y sobre esto doy el beneficio de la duda.

La pregunta, más larga que la respuesta, es de las que delatan qué contestación esperan. El Papa abre y eleva un poco el planteamiento. Hace una broma, quita importancia a las críticas a su persona, no les da réplica y entra a un solo tema, el de cerrar las fronteras a quienes huyen de la pobreza, aunque en términos generales y dejando abierta la posibilidad de una interpretación más favorable de Trump.

Riesgos que asume Francisco

Con estas ruedas de prensa, el Papa se expone a polémicas o a ser mal interpretado. Hablando así, sin guion, puede cometer errores, expresarse con menos claridad o precisión, olvidar un aspecto relevante de un problema, no matizar… Eso hizo que Benedicto XVI, tras la mala experiencia en un vuelo a África, cuando un comentario sobre la prevención del sida eclipsó el viaje entero, decidiera limitar esas conversaciones con periodistas a preguntas presentadas de antemano y respuestas preparadas, sin diálogo de viva voz.

Pero Francisco quiere conservar la espontaneidad y el contacto directo. Lo que ya le ha ocasionado problemas: su alusión al “puñetazo” para quien insulte a la madre, a propósito de las irreverencias de Charlie Hebdo. También ha sufrido tergiversaciones de su pensamiento en las “creativas” entrevistas de Eugenio Scalfari, y no rehusó volver a hablar con él después de la primera, tras la que Scalfaro reincidió. Francisco prefiere correr estos riesgos a distanciarse de la gente.

Riesgo hay, pues no falta quien busca apoyo para sus propias posturas en las palabras del Papa. En el regreso desde México también le preguntaron por la idea de permitir abortar a las mujeres brasileñas, para evitar las malformaciones en el hijo que presuntamente puede causar el virus del zika. ¿Sería eso tolerar un mal menor?

No se da ahí el supuesto del mal menor, dijo Francisco. El aborto “es un crimen”, “un mal en sí mismo”. Pero algunos que han abogado por el aborto en estos casos, han creído encontrar en la rueda de prensa un premio de consolación. Para aclarar el asunto, el Papa dio un ejemplo de mal menor: la autorización que dio Pablo VI a monjas en África, que corrían peligro de ser violadas, para usar anticonceptivos. Porque, señaló, “evitar el embarazo no es un mal absoluto”, a diferencia del aborto.

Pueden, pues, sentirse premiados los partidarios de que se pueda recurrir a anticonceptivos en situaciones excepcionales. Pero eso tiene más o menos tanta novedad como el uso de la violencia en defensa propia. El relieve que algunos le han dado debe de ser síntoma de las muchas ganas que tienen de que el Papa les dé la razón. No es de esos Donald Trump, quien parece más contento si el Papa le contradice: de eso saca mayor provecho.

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