Navidad en el vecindario de Herodes

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Duración lectura: 11m. 33s.
Huida_a_Egipto_-_Antonio_Palomino wikipedia

 

Antonio Palomino, Huida a Egipto (c.a. 1712-1714)

 

Cuando los políticos occidentales se debaten entre si “habrá Navidad o no”, en una interpretación reduccionista de la festividad, celebrar el Nacimiento de Cristo es, en algunos sitios del mundo –o para algunos cristianos en determinados países–, una decisión heroica, cuando no peligrosa.

Varios fieles, presentes en lugares donde su religión es pobremente tolerada o directamente atacada desde los estamentos del poder, conversan con Aceprensa sobre cómo se vive el acontecimiento en sus contextos específicos, marcados por la guerra o por la falta de libertades.

Mozambique: Dios camina con los refugiados

En la nororiental provincia de Cabo Delgado, en Mozambique, truenan las ametralladoras, empuñadas por militantes islamistas y por el ejército nacional. Hasta el momento, hay cientos de miles de desplazados por un conflicto interno que dura ya tres años, situación que un obispo local, el brasileño Luiz Fernando Lisboa, de la diócesis de Pemba, ha denunciado reiteradamente. Días atrás, en una audiencia de 40 minutos, informó detalladamente al Papa Francisco sobre la tragedia, y este le expresó su cercanía a las víctimas.

Según explica a Aceprensa Mons. Lisboa, todo empezó en octubre de 2017, con ataques islamistas a un puesto policial y después contra otros sitios públicos. Paulatinamente fueron incursionando en las aldeas más próximas a las ciudades, hasta que entraron en estas. “Entonces la gente empezó a huir, por lo que muchas poblaciones están casi vacías. En Pemba tenemos 150.000 refugiados; en otras ciudades son 50.000, 60.000… En estos momentos hay más de 600.000 desplazados y más de 2.000 muertos”.

La Iglesia, nos dice, está trabajando activamente en la atención a las víctimas: las Cáritas diocesanas, junto con otras organizaciones internacionales, están socorriendo a las personas en los campamentos con los bienes más básicos: comida, mantas, tiendas… “Pero son muchas familias y se les atiende en la medida de lo posible”.

“Además –prosigue–, la Iglesia está haciendo un trabajo muy importante, al brindar apoyo psicológico y social. Hay religiosos y religiosas, sacerdotes y laicos que son psicólogos y atienden a grupos de 15 personas. Las víctimas cuentan sus dolores, su huida de las aldeas, la pérdida de sus hijos, el secuestro de una hija, el entierro de un hermano, todo carbonizado…”.

“Podemos acordarnos de Jesús, que nació entre los pobres, y que fue refugiado, desplazado; que huyó para salvar la vida”

“Son muchas historias… El hecho de poder contarlas, de exteriorizar sus dramas y sus traumas, les ayuda. Y así entendemos como Iglesia que no podemos tratar a las personas como números, sino como personas con rostro, con familia, con dificultades, con historias. Es gente necesitada de ayuda, y lo primero es sentarse, escucharla y ayudarla a superar este trance difícil”.

¿Hay lugar para celebrar el nacimiento de Cristo en medio de esta catástrofe? Mons. Lisboa pide que no perdamos de vista “que Dios no abandona a sus fieles. Él llora con su pueblo, con sus hijas e hijos. Camina con ellos; no los deja de la mano. Celebrar la paz en este contexto es muy exigente. Podemos acordarnos de Jesús, que nació entre los pobres, y que fue refugiado, desplazado; que huyó para salvar la vida”.

“Tenemos que mirar a Jesús, a María y a José –añade–, y acordarnos de los padres y de sus pequeños en los campamentos. Que eso nos ayude a pensar en cómo tenemos que responder a la llamada del Papa Francisco de que todos seamos hermanos; que nos ayudemos los unos a los otros; que nos sentemos en una mesa de solidaridad en la que cada uno se preocupe por el otro, especialmente por el más pobre. Es tiempo de repartir, de compartir, de dar un poco de lo que somos a aquellos que están más necesitados. Así, pues, muy feliz Navidad a todos”.

India: Hindú que celebre, hindú apaleado

En la India no ametrallan a nadie al borde de la carretera como en Cabo Delgado –al menos no en estos días–, pero los cristianos tienen que andar con ojo.

Los seguidores del Evangelio constituyen apenas el 2,3% de la población. En nueve de los 28 estados que componen el país existen leyes que prohíben la conversión de los hindúes a cualquier otra religión, por lo que los cristianos están en la diana del nacionalismo hindú, que hoy, reunido políticamente bajo el extremista Bharatiya Janata Party (BJP), se sienta en el gabinete del primer ministro Narendra Modi.

De cara a la Navidad, los creyentes han sentido la presión de los seguidores de esta fuerza. “Este mes –nos cuenta Sajan K. George, presidente del Global Council of Indian Christians–, una unidad del Bajrang Dal, organización de ultraderecha ligada al BJP, emitió una ‘advertencia’ a los hindúes para que no asistieran a celebraciones navideñas en las iglesias. Aquellos que no respetaran este dictado serían golpeados por los miembros de ese grupo”.

Según nos cuenta, el cada vez mayor empuje de los nacionalistas ultrarreligiosos para que se implante el Hindu Rashtra –concepción que enfatiza que el sistema político-económico indio debe basarse en el pensamiento nativo y no en los conceptos tomados de Occidente– despierta preocupación y alarma entre los practicantes de otras religiones.

Se le suma a ello, en estos días, la frustración que ha provocado la paralización de las fiestas debido al covid-19. “Estamos atravesando momentos de angustia y dolor sin precedentes, una situación que ni nuestros antepasados experimentaron, y esto, aparte de la amenaza de las organizaciones hindúes que apoyan al gobierno de Modi”. Solo en 2020 se han reportado más de 200 ataques contra cristianos, dice, con cifras de los registros que monitorean la violencia.

Pero George desea que los creyentes indios no se queden en lo triste: “La belleza de la Navidad envuelve nuestras mentes y corazones como ninguna otra época; la felicidad proviene del gozo de las buenas obras y del entusiasmo de llegar a las vidas”.

“Sabemos –añade– que hay mucha gente en nuestras localidades que no pueden celebrar la Navidad: desde aquellos que duermen en los caminos con el estómago vacío, hasta los ancianos que viven solos. En este sombrío panorama, además de donar dinero para diversas obras caritativas, podemos hacer un voluntariado sencillo en nuestras comunidades, distribuyendo alimentos o ropa de abrigo entre los pobres. Y podemos involucrar en esto a nuestros hijos, para que aprendan el valor de la humanidad y lo expresen con actos concretos”.

Cuba: Permisos selectivos

En Cuba hay un “día del Papa”. No es una conmemoración oficial dedicada al Sumo Pontifice, sino la expresión con que la gente común se refiere al 25 de diciembre, festivo en el país únicamente desde 1997. Aquel fin de año, ante la proximidad de la visita de Juan Pablo II, el gobierno comunista decidió tener el gesto de reconocer en adelante ese día como festivo, si bien, fuera de no haber actividad laboral alguna, los medios de prensa y la televisión pasan de referir la significación de la fecha.

Lejos están los días en que atreverse a declararse religioso podía suponer quedarse fuera de la universidad, o ser tenido por “contrarrevolucionario”. Desde principios de los años 90, cuando el gobierno –desprovisto del apoyo económico y político de la ya inexistente Unión Soviética y de sus satélites europeos–, atisbó la necesidad de fomentar la unidad interna, se tragó con esfuerzo parte de sus prejuicios en la materia.

Hubo entonces un “destape religioso” que incluyó la entusiasta exposición de arbolitos navideños en las tiendas estatales en divisas, gesto que muy pronto el Comité Central del Partido Comunista se encargó de desautorizar. Tampoco gustó, en enero de 2001, que diplomáticos y empresarios españoles organizaran una Cabalgata de Reyes por las calles de La Habana Vieja y que arrojaran caramelos a los niños, tal como se hace en cualquier ciudad española. “Mamarrachos” y “magos de pacotilla” fue lo más comedido que les dijo la prensa oficial.

El statu quo es de tolerancia con límites. Con las celebraciones privadas, todo bien. Pero respecto al anuncio público, hay matices: la Iglesia Católica y las que integran el oficialista Consejo de Iglesias de Cuba (CIC) tienen unos minutos en los medios para informar de qué va el festivo, y poco más. Pero hay algunas iglesias que ni siquiera eso.

“Está muy limitado el asunto de los anuncios de la festividad en espacios públicos y en los medios de comunicación –nos cuenta Yoe Suárez, periodista, escritor y miembro de la Liga Evangélica de Cuba–. En los últimos años se han transmitido algunas misas católicas, pero los evangélicos no hemos podido hacer nada de eso”.

Con excepción de la Iglesia Católica, las denominaciones no integradas en el Consejo de Iglesias de Cuba no tendrán acceso a los medios en Navidad

“Por ejemplo, durante la pasada Semana Santa, los que tuvieron acceso a los medios de comunicación fueron únicamente los adscritos al CIC, al que no pertenece la mayoría de las grandes Iglesias evangélicas cubanas y que funciona como un hato controlado por el Partido Comunista, que les da beneficios, al tiempo que castiga a las que no son lo suficientemente fieles o entusiastas con el régimen. A las primeras las premia con la tramitación expedita de visados religiosos y permite que importen materiales, lo mismo literatura que materiales constructivos, pero todo eso se lo limita a las que no son leales”.

Según Suárez, la pauta se repetirá respecto el mensaje televisivo navideño y a otras realidades: “Estoy seguro de que las Iglesias no adscritas no tendrán un espacio en la TV. De hecho, me dicen de la Alianza de Iglesias Evangélicas de Cuba (AIEC) que ni siquiera han hecho trámites para intentarlo. Lo otro es que, al no haber libertad de asociación, hay algunas iglesias que no están inscritas en el Registro de Asociaciones, no por pereza de sus líderes, sino porque el gobierno no les permite inscribirse. Como resultado –y es lo que le sucede al Movimiento Apostólico, denominación de corte neopentescostal–, tampoco pueden celebrar la Navidad con carteles alusivos allí donde se reúnen, que muchas veces son casas de miembros, no templos, porque no tienen permiso para construirlos”.

A Herodes –está visto– le hace poca gracia que se honre a un Rey distinto.

Arabia Saudí: Fiesta en las catacumbas

Carlos no se llama Carlos. Prefiere que no digamos su nombre real. Es enfermero, y hace algunos años que tiene un contrato laboral en Arabia Saudí. También sugiere que nos ahorremos el nombre de la ciudad y todo dato significativo, pues va a hablarnos de la Navidad, un tema que a las autoridades políticas y religiosas del país no les resulta particularmente simpático.

“Celebrar la Navidad en Arabia Saudí depende de tu situación personal en ese momento, de las personas que conozcas y de la comunidad a la que pertenezcas. Los indios originarios de Kerala, por ejemplo, tienen comunidades grandes, y se pueden congregar unas 100, 150 personas, pero de modo discreto”.

“El año pasado –agrega– me invitaron a celebrar. Yo no entendía ni una palabra, pero me encantaba verme rodeado de personas que celebraban la Navidad como yo. Hubo adoración del Niño, y se celebró la Eucaristía, porque hay unos sacerdotes que vienen y celebran. Fue la mejor Navidad en que he participado”.

Sobre los sacerdotes, comenta que pertenecen a una orden religiosa y que el Papa ha aprobado que misionen en el país desde el anonimato. “Vienen a trabajar en alguna empresa, y fuera de esas actividades, administran los sacramentos. Donde yo vivo, vienen una vez al mes y celebran misa para hombres, en inglés”.

En cuanto a motivos navideños, Carlos explica que en la ciudad no hay ninguna señal externa del acontecimiento que rememora la cristiandad. Cuando, tiempo después de arribar al país, su familia se le unió, “pudimos celebrar de modo muy privado. Al ser minoría tienes que hacerlo de esa manera, bien discreta. Nos inventamos un arbolito, pusimos un pesebre, no faltó la oración… Fue una celebración muy particular y reservada”.

Este año, ya con su familia en España y con el coronavirus dictando pautas en la vida social, lo atisba todo un poco menos alegre. “Esta Navidad creo que me tocará estar solo. Pero por norma, todo depende de tu interés, de tus oportunidades en este país. Como dice la Escritura, si buscas, encuentras. Conozco personas que tienen una tradición cristiana católica y que no organizan nada, y a otras que, como te digo, se congregan más de 100”.

¿Escapan esas reuniones a la vigilancia oficial? “Creo que son toleradas, más que ignoradas –dice–. Siempre hay alguien que sabe, que informa. Pienso que se permiten dentro de un orden y discreción… No hay penalización, entiendo, aunque a lo mejor son totalmente ilegales”.

“En todo caso –concluye–, las personas que me invitaron siempre me pidieron que tuviera casi el mismo cuidado que si fuéramos a reunirnos en las catacumbas, como en el paleocristianismo. Eso, de alguna manera, me hizo notar el heroísmo en los sacerdotes y en esa comunidad, que se reúne para conservar su fe. Y no solo en Navidad”.