La reforma del Código de Familia en Marruecos

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Duración lectura: 3m. 53s.

Análisis

El pasado 10 de octubre, en el discurso de apertura del nuevo periodo de sesiones parlamentarias, el Rey Mohamed VI de Marruecos anunciaba su intención de reformar el Código de Familia de 1957 (Mudawana) con el fin, según sus propias palabras, “de acabar con la iniquidad que pesa sobre la mujer, proteger los derechos del niño y preservar la dignidad del ser humano”.

Entre otros logros, la reforma establece férreas barreras a la poligamia (autorizada hasta ahora para el varón con el límite de cuatro esposas y el compromiso de trato equitativo entre ellas), haciéndola prácticamente inviable. Asimismo, suprime la posibilidad de que el varón rompa su matrimonio sin necesidad de causa alguna ni de intervención judicial, simplemente pronunciando la fórmula del repudio. Se eleva la edad para el matrimonio de la mujer de los 15 a los 18 años, igualándola a la del hombre. En cuanto a los derechos y deberes entre las partes, la reforma sustituye la capitalidad del varón y la sumisión de la mujer por la responsabilidad conjunta de ambos.

Ha transcurrido una década desde la última modificación de la Mudawana acometida por el anterior monarca alauí como respuesta a las reivindicaciones feministas (ver servicio 141/93). Aunque la tímida reforma de 1993 no acalló las voces de protesta ni satisfizo a sus promotores, tuvo el mérito de contribuir a desmitificar el tabú en torno al carácter sagrado e intocable del Código de Familia.

Posteriormente, en 1998, los movimientos integristas islámicos lanzaron una virulenta campaña contra el plan de desarrollo para la mujer patrocinado por el socialista Yusufi a su llegada al gobierno. La campaña culminó con una masiva manifestación (en torno a un millón de asistentes), celebrada el 12 de marzo de 2000 en Casablanca (ver servicio 47/00). Se denunciaba el plan, apoyado por el Banco Mundial, por considerarlo una imposición de Occidente. “Sí a la promoción de la mujer, pero a partir de nuestra propia cultura”, fue el lema de sus representantes.

Mohamed VI tomó nota y advirtió la necesidad de embarcar a todas las fuerzas sociales y parlamentarias en este empeño. Así lo hizo y así lo ha destacado en su discurso de octubre afirmando que las reformas “no deben percibirse como una victoria de un sector sobre otro, sino como un logro en beneficio de todos los marroquíes”, “en perfecta adecuación con el espíritu de nuestra religión tolerante”. El principal partido islamista, el Partido de la Justicia y del Desarrollo, que había liderado la oposición a la reforma, ahora no ha tenido inconveniente en apoyarla, y ha destacado que las enmiendas se han introducido tomando en consideración los objetivos de la Sharia (ley islámica).

Huntington, en su libro El choque de civilizaciones, se hace eco de unas palabras de un personaje de ficción que sostiene que “no puede haber verdaderos amigos sin verdaderos enemigos”. En esta línea, algunos alientan en Occidente el conflicto intercultural especialmente frente al mundo islámico. Se pone el acento en la lamentable situación de discriminación que padece la mujer en muchos países musulmanes. Aunque la denuncia es certera, no debería lanzarse contra el Islam sino, en todo caso, contra algunos abusos que en su nombre se cometen. No puede olvidarse que a lo largo de la historia no han faltado voces que, desde el Islam, se han alzado en favor de las mujeres. Valga como muestra la siguiente cita de Averroes que, en el siglo XII, ya afirmaba que “si la naturaleza del varón y de la mujer es la misma y toda constitución que es de un mismo tipo debe dirigirse a una concreta actividad social, resulta evidente que en dicha sociedad la mujer debe realizar las mismas labores que el varón”. Por otra parte, conviene tener presente que la inspiración patriarcal de la familia y de la sociedad no ha sido patrimonio exclusivo del mundo islámico, y que no está tan lejana la vigencia del anterior Código Civil español que sostenía: “El marido debe proteger a la mujer y ésta obedecer al marido” (artículo 57).

Sin duda alguna, la anunciada reforma del Código marroquí -en la línea de la ya acometida por otros países árabes como, por ejemplo, el Líbano o Túnez- es motivo de esperanza al corroborar que la igual dignidad y la corresponsabilidad entre el varón y la mujer es susceptible de inspirar las distintas sociedades y culturas.

Zoila Combalía