La monja que creó una televisión mundial

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Duración lectura: 12m. 31s.

La cadena de la Madre Angélica cumple 25 años

El 15 de agosto de 1981 comenzó a emitir la Eternal World Television Network (EWTN) desde un estudio instalado en un modesto local contiguo a un monasterio de clarisas. Veinticinco años después, la EWTN es la televisión católica más vista en el mundo. Su creadora es una monja, la Madre Angélica, con mala salud pero extraordinarias dotes de carácter, curtida en la escuela de la oración y el sufrimiento. Uno de sus más estrechos colaboradores ha publicado su impresionante biografía.

¿Cómo pudo Rita Rizzo, una chica pobre y enfermiza sin más estudios que los de secundaria, llegar a crear la Red Global Católica de Televisión de la Palabra Eterna (EWTN), la mayor empresa de televisión católica en el mundo entero? ¿Cómo logró la Madre Angélica triunfar en un campo en el que ya habían fracasado antes los obispos norteamericanos y naufragaron varios proyectos millonarios? Raymond Arroyo nos da la explicación en la biografía “Mother Angelica: The Remarkable Story of a Nun, Her Nerve, and a Network of Miracles” (Doubleday, 2005).

Arroyo es el creador y moderador del programa de la EWTN “The World Over Live”, y cuenta con un amplio “curriculum” en el mundo de la televisión. Este libro se basa en entrevistas exclusivas a la Madre Angélica antes de la invalidez que le sobrevino como consecuencia del derrame cerebral que sufrió en la Nochebuena de 2001, y está lleno de detalles sorprendentes tanto de su vida pública como de su vida interior.

Así cuenta Arroyo los prolegómenos de esta biografía: “Una noche, antes de empezar su programa en directo, la Madre Angélica me dio una sola instrucción, que ha resonado en mi cabeza hasta el día de hoy: ‘Asegúrate de presentarme tal como soy. No hay nada peor que un libro que trata de endulzar la verdad y esconder la humanidad de la persona. ¡Que tengas cuarenta años de purgatorio si haces eso!'” A juzgar por su libro, Raymond no tendrá que temer esa maldición calabresa… Éste ha sido el criterio del autor: “He escrito un libro -dice- que no evita la controversia o las aparentes contradicciones en la personalidad de la Madre Angélica: la monja de clausura que habla al mundo; la mujer independiente a quien no le importa romper todas las reglas pero a la que muchos llaman ultraconservadora; la aguda humorista que sufre dolores permanentes; la pobre clarisa que dirige una corporación multimillonaria…”

La “majorette” de la escuela

La primera parte del libro relata la infancia y juventud de Rita Rizzo, nacida en 1923, hija única en una familia muy problemática en un vecindario pobre italiano del este de Ohio. Su padre era un hombre vago e inútil que siempre estaba ausente del hogar; su madre, una mujer histérica y altamente dependiente, que delegó el rol materno en Rita.

Al final de su adolescencia, la chica, que no tenía motivación espiritual alguna, conoció a una persona que descubrió en ella la vocación religiosa y la animó a ingresar en un monasterio de clarisas en Cleveland, a pesar de la fuerte oposición familiar.

En este relato de los primeros y sombríos años, Arroyo sólo logra descubrir un indicio de los grandes acontecimientos que vendrían después. Se trata de una fotografía de 1939 que muestra a una desenvuelta Rita Rizzo, primera “majorette” de la banda de la Escuela Secundaria McKinley, contoneándose mientras desfila al frente de la “troupe”.

Esta mujer había nacido para convertirse en líder, pero ¿quién habría podido imaginar lo que el Señor tenía reservado para ella?

La escuela del dolor

Tras acabar la enseñanza secundaria, Rita trabajó durante algunos años, antes de ingresar en el convento de clausura. Ya entonces la joven había empezado a padecer los intensos dolores que le han acompañado hasta el día de hoy. Mientras arreciaba el sufrimiento, Rita se fue adentrando cada vez más en la oración contemplativa. De la espiritualidad y la escuela del dolor surgen lo que no se puede llamar sino el “milagro” de la EWTN y el espléndido monasterio de clarisas que la Madre Angélica fundó en pleno “Cinturón Bíblico”. ¡Cómo habría gozado con esta historia Flannery O’Connor, la más grande narradora católica de Estados Unidos y una hija del Sur Profundo!

Los años de sor Angélica en el monasterio de Cleveland, y más tarde en la vecina localidad de Canton (Ohio), están marcados por la normalidad de la vida en comunidad, y recuerdan a la “Historia de un alma”, de santa Teresa de Lisieux. Una persona con el temperamento y la personalidad de Angélica (éste quizá no es el nombre religioso más adecuado que podría haber elegido) tenía que chocar naturalmente con algunas de sus hermanas y superioras.

Finalmente, gracias a su bondadosa naturaleza, unida a su gran inteligencia y a las aptitudes que adquirió en su vida laboral, sor Angélica pudo hacer sus votos perpetuos, tras superar algunas dificultades. Después llegaría su “vocación específica”…

Una religiosa emprendedora

En una ocasión, a punto de someterse a una operación quirúrgica que podía haberla dejado paralítica para siempre, “en la habitación a oscuras, sola con sus temores, sor Angélica sucumbió al pánico: ‘¿Tendré que pasar el resto de mi vida en una silla? ¿Con muletas? ¿Inválida?’ Trató de rezar, con la esperanza de encontrar algo de paz en sus oraciones a la Virgen. Atrapada entre la oración y la angustia, Angélica quiso hacer un ‘trato’ inaudito con Dios y le prometió: ‘Señor, si me permites volver a caminar, te voy a construir un monasterio en el Sur'”.

Su intención original era “hacer todo lo que estuviera en mi poder para promover una comunidad de clausura entre los negros. Estaría dedicada al apostolado entre los negros por medio de la oración, la adoración, el sacrificio y la unión con Dios. Se haría penitencia constante por todos los insultos y persecuciones que sufre esa raza, implorando las bendiciones y las gracias de Dios sobre este pueblo tan querido para el Sagrado Corazón”.

Lo anterior procede de una carta de 1957. Curiosamente, la Madre y sus hermanas nunca llevaron a cabo un apostolado específico dirigido a los negros. Esa motivación original parece haber sido simplemente el medio que utilizó Dios para situar el monasterio en una posición con mayores posibilidades de evangelización, que acabaría por extenderse a casi todas las naciones y razas.

La mano de la Providencia

La Madre tuvo que vencer resistencias en su propia orden, más la oposición inicial de su obispo, antes de que, al cabo de varios años, en 1962, pudiera finalmente trasladarse a Birmingham (Alabama). Allí, sus bien pensados planes para el nuevo monasterio chocaron con los inevitables obstáculos que encuentran todos los grandes fundadores, religiosos o no: la falta de dinero.

Ante la constante necesidad de recaudar fondos para sus proyectos, cada vez más ambiciosos, se fueron acentuando las dotes de Madre Angélica como comunicadora y mujer de negocios. Dio docenas de charlas en la ciudad, y luego habló por todo el país ante todo tipo de oyentes, incluidos judíos y protestantes, para explicar las necesidades de su monasterio y predicar el Evangelio. Las charlas fueron publicadas en forma de libros y de casetes, lo que la puso en el camino hacia la televisión.

En los primeros tiempos, para complementar los ingresos, instaló un negocio de venta de señuelos y cebos para pescar (cuyo nombre, por fuerza, tenía que ser el de aquel gran pescador de hombres, san Pedro), y otro de cacahuetes tostados, hasta que logró obtener los suficientes ingresos para mantener el monasterio.

En el libro, Arroyo relata sin concesiones al sensacionalismo múltiples anécdotas sobre cómo la Madre Angélica supera en el último minuto escollos económicos en apariencia insalvables: enormes deudas, hipotecas a punto de ejecutarse… Una y otra vez, llegaba un cheque imprevisto, algún conocido había amasado inesperadamente una fortuna o una fundación condonaba el pago de un préstamo.

Los no creyentes pueden hablar de casualidades. Los creyentes reconocerán en cambio la mano de la Providencia. E incluso algunos milagros. El libro está lleno de ellos. Esta mujer se confiaba plenamente a la Providencia divina y a la intercesión de sus santos preferidos. Y el tiempo ha demostrado que no se equivocó.

“Señor, quiero unos estudios de televisión”

Hay un momento clave en la historia de Madre Angélica, cuando, durante un viaje a Chicago, en marzo de 1978, visitó el Canal 38, una emisora de televisión baptista ubicada en el último piso de un rascacielos. Era la primera vez que veía unos estudios de televisión. “Señor, yo tengo que tener uno de estos”, murmuró la Madre Angélica. Pero de inmediato le asaltaron las dudas: “¿Qué haríamos doce monjas con esto? Soy una monja de clausura y no entiendo nada de televisión”. Después le informaron que el estudio “solamente” costaba 950.000 dólares. Ella respondió: “¿Eso es todo? Yo quiero uno”.

Los siguientes capítulos del libro de Arroyo relatan los primeros esfuerzos de la Madre Angélica para fundar la EWTN, hasta hacer de su monasterio la primera comunidad religiosa que obtuvo una licencia de la FCC (Comisión Federal de Comunicaciones) para transmitir. Con el apoyo crucial de, entre otros, Ginny Dominick y el diácono Bill Steltemeier -actual presidente de la Junta de Directores de EWTN-, que le proporcionó programación y ayuda legal, la Madre Angélica pudo hacer frente a los tres grandes problemas típicos de toda empresa audiovisual: encontrar la financiación necesaria, conseguir contenidos para emitir y asegurar la difusión de la señal.

En un principio, los fondos provenían de préstamos y contribuciones de donantes acaudalados, de bancos y de fundaciones. Durante mucho tiempo, la Madre Angélica se resistió a solicitar donativos durante las retransmisiones; prefería abandonarse en la Providencia, al estilo de la Madre Teresa. Finalmente, comenzó a hacer peticiones modestas a los televidentes todas las semanas al final de su programa en directo. Con el transcurso del tiempo, la audiencia ha respondido con millones de dólares, suficientes para financiar no sólo los gastos corrientes, sino también el uso de los satélites que retransmiten la señal desde Birmingham a todo el planeta, multiplicando así su audiencia y llevando la programación al mundo entero.

Las emisiones se reducían al principio a unas pocas horas diarias, y ahora abarcan las 24 horas al día sin interrupción. En los primeros tiempos, la EWTN se nutría de viejas películas prestadas, de algunas comedias y de viejas grabaciones como “Life is Worth Living”, de Fulton Sheen, célebre arzobispo norteamericano y pionero de la radio y televisión católicas. Ahora, la EWTN emite cinco programas en directo y decenas de series televisivas, producidas tanto dentro como fuera de sus estudios. Son habituales de la cadena personalidades católicas como Scott Hahn, Fr. George Rutler y, en especial, Fr. Benedict Groeschel.

Con Juan Pablo II, al servicio de la Nueva Evangelización

El calificativo de “polémica” ha sido uno de los más utilizados para describir a la Madre Angélica, y Arroyo no se amedrenta a la hora de documentar esta faceta. Con justicia y buen tino, nos narra contratiempos conocidos y no tan conocidos en los que la Madre se ha enfrentado con obispos, cardenales, responsables de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos y con algunos miembros del personal de la cadena o con patrocinadores financieros.

Dejaré que lean ustedes mismos esas historias, pero imagino que ya adivinan quién sale ganando por lo general en esos lances. No en vano, dice Lee Iacocca -creador del Ford Mustang y ex presidente de Chrysler- que la Madre Angélica es “una mujer que bien podría ser la santa patrona de los ejecutivos”. Y Tom Monaghan, que se deshizo de su imperio Domino’s Pizza para fundar una universidad católica en Florida, dice de ella que es “una de las más grandes empresarias de todos los tiempos”. Todo ello, además, sin tener un MBA.

En medio de todas las vicisitudes, la Madre Angélica pudo contar con un singular protector: Juan Pablo. II, que en repetidas ocasiones le mostró su apoyo. Hay muchos rasgos comunes entre estas dos personalidades. La Madre Angélica supo dar cumplimiento a la exhortación de Juan Pablo II de llevar la nueva evangelización hasta los confines de la tierra. Sin duda, Juan Pablo II y la Madre Angélica son las dos personas que han proclamado la verdad del Evangelio a un mayor número de personas en toda la historia.

El Santo Padre la recibió en Roma en 1996. Ella le mostró sus proyectos y un esquema de los satélites que ya estaban transmitiendo a América del Sur y que pronto llegarían a Europa, Rusia y China. El Papa, en voz alta, dijo: “Madre Angélica, débil de cuerpo, fuerte de espíritu. ¡Mujer fuerte, mujer de coraje, mujer carismática!” Para una mujer que pasaba tres horas diaria en adoración eucarística y que había sido rechazada por su propio padre, estas palabras fueron una confirmación de la aventura de fe en la que se había convertido su vida.

El libro termina con un duro episodio en que la Madre Angélica se enfrenta a su junta directiva, insistiendo en que su nuevo monasterio y el santuario tenían que estar completamente separados de la EWTN. Así, la cadena televisiva se convirtió en una empresa seglar y dirigida por seglares, tal como ella propuso.

A continuación renunció a su cargo de presidenta ejecutiva de la EWTN y se retiró a su nuevo monasterio y Santuario Eucarístico del Niño Jesús, rodeada de decenas de jóvenes novicias, para pasar sus últimos días en oración con sus hermanas antes de entrar a la vida eterna.

Raymond Arroyo ha escrito el libro que sólo él, como amigo entrañable de la Madre Angélica, podía haber escrito. Sin embargo, Arroyo sabe bien que ha escrito algo más que un libro. Su obra bien podría convertirse en un guión cinematográfico. Quizás Arroyo pueda convencer a su amigo Mel Gibson para que la dirija…

C. John McCloskey

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