“La JMJ da visibilidad a la fe y valentía para ser creyente”

¿Cómo ve el Papa el significado de la Jornada Mundial de la Juventud dentro de la acción pastoral de la Iglesia? Las preguntas de los periodistas durante el vuelo hacia Madrid dieron oportunidad a Benedicto XVI para precisar lo que la Iglesia espera de este gran encuentro de jóvenes del todo el mundo.

“La JMJ crea amistades, abre fronteras, hace visible que es bello estar con Dios”.

“Las JMJ –dijo el Papa– son un signo, una cascada de luz, dan visibilidad a la fe, visibilidad a la presencia de Dios en el mundo, y dan así la valentía para ser creyentes. Con frecuencia, los creyentes se sienten aislados en este mundo, casi perdidos. Aquí ven que no están solos, que hay una gran red de fe, una gran comunidad de creyentes del mundo, que es hermoso vivir en esta amistad universal, y de este modo nacen amistades que superan las fronteras de las diferentes culturas, de los diferentes países. El nacimiento de una red universal de amistad que une al mundo con Dios es una importante realidad para el futuro de la humanidad”.

Naturalmente, aclaró, “la JMJ no puede ser un acontecimiento aislado, forma parte de un camino más grande”. Para llegar a ella hace falta sobre todo “una preparación interior, un ponerse en camino hacia los demás y, juntos, hacia Dios”. “La JMJ debe considerarse en este sentido como un signo, como una parte de un gran camino, crea amistades, abre fronteras, hace visible que es bello estar con Dios, que Dios está con nosotros”.

De la JMJ a la vida cotidiana

Pero, ¿la experiencia de la JMJ tiene continuidad en la vida cotidiana de los jóvenes o es una explosión puntual de alegría y emoción que luego se diluye? Benedicto XVI es realista y por eso compara la semilla que Dios siembra en la JMJ con la semilla de la que habla el Evangelio, que en parte se pierde y en parte cae en tierra buena y da mucho fruto.

“Esto es precisamente lo que sucede con la siembra de la JMJ: mucho se pierde y esto es humano. Con otras palabras del Señor, la semilla de mostaza es pequeña, pero crece y se convierte en un gran árbol. Ciertamente se pierde mucho, no podemos decir que a partir de mañana recomienza un gran crecimiento de la Iglesia. Dios no actúa así. Crece en silencio”.

Las experiencia de las anteriores JMJ muestra que esta siembra a voleo vale la pena. “Nosotros confiamos –responde Benedicto XVI– en este crecimiento silencioso, y estamos seguros de que, aunque las estadísticas no hablen mucho de ello, realmente crece la semilla del Señor. Y para muchas personas será el inicio de una amistad con Dios y con los demás, de una universalidad de pensamiento, de una responsabilidad común que realmente muestra que estos días dan fruto”.

Responsabilidad para salir de la crisis económica

En medio de la actual crisis económica, en la que muchos jóvenes no encuentran empleo y ven un futuro incierto, le preguntan a Benedicto XVI si la Iglesia tiene un mensaje capaz de darles esperanza y aliento. El Papa aprovecha la ocasión para insistir en que “la economía no funciona sólo con una autorregulación mercantil, sino que tiene necesidad de una razón ética para funcionar al servicio del hombre”.

Y esto obliga a una triple responsabilidad. Primero, la responsabilidad por el otro: “el hombre debe ponerse en el centro de la economía y la economía no debe medirse según el máximo beneficio, sino según el bien de todos e incluye la responsabilidad por el otro”.

“Libertad y verdad están íntimamente unidas, una es condición de la otra”.

Una segunda vertiente es la responsabilidad con la propia nación y con el mundo, a la hora de buscar soluciones. “La nación no está aislada, ni siquiera Europa está aislada, sino que es responsable de toda la humanidad y debe pensar siempre en afrontar los problemas económicos  con esta clave de responsabilidad, en particular con las demás partes del mundo, con las que sufren, tienen sed y hambre, y no tienen futuro”.

Y una tercera dimensión de esta responsabilidad es la responsabilidad con el futuro: proteger nuestro planeta, proteger las fuentes de trabajo para todos. “Si los jóvenes de hoy no encuentran perspectivas en su vida también nuestro hoy está equivocado, está mal”, advirtió el Papa. Con su doctrina social, la Iglesia ayuda a ver en las realidades la dimensión humanística y religiosa, es decir, “que estamos hechos el uno para el otro y de este modo es posible también abrir caminos, como sucede con el gran número de voluntarios que trabajan en diferentes partes del mundo no para sí, sino para los demás, y encuentran así el sentido de la propia vida. Esto se puede lograr con una educación en los grandes objetivos, como trata de hacer la Iglesia”.

La verdad es dialogante

El riesgo de que la verdad dé origen a la intolerancia, o la insistencia en que Cristo es la Verdad excluya el diálogo, es un tema frecuente en el debate sobre el cristianismo hoy y así apareció en una de las preguntas de la prensa.

Benedicto XVI reconoció que “es cierto que en la historia se han dado también abusos, tanto del concepto de verdad como del concepto de monoteísmo. Se han dado abusos, pero la realidad es totalmente diferente, pues la verdad sólo es accesible en la libertad. Se pueden imponer con la violencia los comportamientos, las observancias, actividades, pero no la verdad. La verdad se abre sólo al consentimiento libre y, por este motivo, libertad y verdad están íntimamente unidas, una es condición de la otra”.

Por lo demás, constató que a todos nos interesa buscar “los valores auténticos, que dan vida al futuro”. “No queremos el positivismo de normas impuestas con una cierta fuerza”, afirmó el Papa, sin una razón ética que las justifique. “Es necesario por tanto buscar los valores auténticos y no dejarlos al arbitrio de algunos, no dejar que se imponga una razón positivista que nos dice que no hay una verdad racional sobre los problemas éticos y los grandes problemas del hombre”.

La búsqueda de la verdad y de los valores auténticos es lo que nos lleva al diálogo. “La verdad como tal es dialogante, pues busca conocer mejor, comprender mejor, y lo hace en diálogo con los demás. De este modo, buscar la verdad y la dignidad del hombre es la mejor defensa de la libertad”.

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