La integración de los inmigrantes musulmanes, un reto para Occidente

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Una reciente encuesta de Gallup reconoce que los musulmanes norteamericanos, la comunidad religiosa extranjera más joven y con mayor diversidad étnica del país, se esfuerzan por hacerse un sitio seguro en la sociedad americana y por desempeñar un papel activo en su vida pública.

Así, por ejemplo, el estudio revela que los musulmanes se encuentran entre los grupos religiosos con más alto nivel educativo en Estados Unidos, sólo superados por los judíos. Un hallazgo notable ha sido el comprobar que un 43% de las musulmanas estadounidenses han alcanzado un título universitario de grado o de posgrado, frente a un 29% del total de mujeres norteamericanas. Tampoco parecen estar en desventaja laboral respecto de los hombres. En general, el colectivo registra buenas tasas de empleo, con un 30% dedicado a trabajos profesionales y un 25% trabajando por cuenta propia.

Los americanos que profesan el Islam colaboran en sus comunidades tanto como cualquier otro estadounidense, y son ligeramente más generosos en las obras de caridad. Mientras el 80% considera importante la religión, la asistencia semanal a servicios religiosos (41%) no les caracteriza tanto como a otros grupos.

Más insatisfechos

Al mismo tiempo, los musulmanes muestran menos disposición a reconocer su prosperidad. La joie de vivre, podría decirse, no es su fuerte, pues se sienten más insatisfechos con la vida en su comunidad y comparten con los judíos una mayor tendencia a preocuparse y a sufrir estrés respecto de otros americanos.

Dalia Mogahed, directora ejecutiva del Centro Gallup para los Estudios Musulmanes, ha afirmado que los años transcurridos desde el 11-S han marcado especialmente a los jóvenes musulmanes de 18 a 29 años. Esta franja de edad es proporcionalmente más importante entre los musulmanes (36%) que entre los protestantes (9%), los católicos (17%), los mormones (23%) y los judíos (16%) de Estados Unidos.

También son los jóvenes musulmanes los menos preocupados por inscribirse en el registro electoral, especialmente si se trata de inmigrantes, que parecen tomarse un tiempo de socialización política antes de sentirse listos para participar. Por otra parte, la diversificación de los musulmanes a lo largo del abanico político parece mayor que la de otros grupos, y mientras un 38% se considera moderado, un 29% se declara liberal y un 25% se tiene por conservador. De hecho, y a pesar del conservadurismo con el que suele relacionárseles, los musulmanes americanos son el grupo más dispuesto, después de los judíos, a declararse liberales.

El 79% de esta población votó a Barack Obama: un porcentaje más alto que el de cualquier otro grupo religioso. Su condición de hijo de inmigrantes y la esperanza de que propicie políticas de entendimiento con el mundo árabe convirtieron a Obama en el candidato predilecto de los musulmanes.

Desde el punto de vista racial, la comunidad musulmana es la más diversa entre todas las comunidades religiosas de Norteamérica: un 35% de afro-americanos, un 28% de blancos, un 18% de asiáticos y un 1% de hispanos. El resto de los grupos religiosos analizados por la encuesta está constituido por blancos en un porcentaje que va del 76 al 93%.

La imagen de Al Yazira

La imagen de los musulmanes en el mundo occidental ha ocupado recientemente varios titulares, especialmente a raíz de la suerte que la cadena de televisión Al Yazira ha corrido en su intento de penetrar el mercado norteamericano. Voceros del canal han recalcado que este crossover ha debido luchar contra lo que llaman “percepciones erróneas” sobre la cadena, pues se la acusa de apoyar a Al Qaeda y a su líder Osama bin Laden, de ser antisemita y antiestadounidense, de exhibir decapitaciones y de tener una agenda antioccidental.

“No tenemos cuernos. Osama bin Laden no tiene un programa semanal de entrevistas”, ha aclarado Tony Burman, director ejecutivo de Al Yazira en inglés y ex editor en jefe de la Canadian Broadcasting Corp.

La percepción que en Estados Unidos se tiene del canal puede deducirse de un hecho concreto: las protestas que protagonizaron grupos locales de motociclistas cuando en 2008 el ex capitán del cuerpo de marines Josh Rushing, actualmente reportero de Al Yazira, fue con un equipo de televisión a cubrir la convención demócrata en Golden (Colorado).

Integración compleja en Gran Bretaña

Un artículo publicado hace poco por The Economist (28-02-2009) pinta un panorama en Gran Bretaña sin duda menos alentador que el obtenido por Gallup en Estados Unidos. El texto critica el retroceso que ha supuesto la forma en que el gobierno de Gordon Brown ha manejado las relaciones hábilmente tejidas por Tony Blair con el Consejo Musulmán de Gran Bretaña, un órgano en el que estaban representados los intereses de la Confraternidad Musulmana y de los islamistas de Pakistán.

La incorporación de este Consejo como interlocutor y aliado contra el extremismo fue una herramienta con la que el ex primer ministro quiso ganar para su causa a la comunidad islámica del país, especialmente tras los atentados de Londres de 2005. Aunque con altibajos, la política de Blair logró maniobrar eficazmente estos temas, y fue capaz de contrarrestar el disgusto causado por su actuación internacional con concesiones a algunas demandas del colectivo islámico. Así, por ejemplo, el derecho a establecer escuelas con programas de estudios propios y apenas relacionados con el que cursan los demás niños del país.

Pero el modo en que desde 2006 el gobierno ha reducido la participación del Consejo Musulmán ha acentuado, según The Economist, las divergencias con la población islámica, que registra un rápido crecimiento por el que ha pasado de 1,6 millones en 2001 a 2,4 millones en la actualidad. Políticamente, la cuestión musulmana ha pasado también sus facturas a Gordon Brown: criticado por el centro-derecha por su extrema blandura con los grupos radicales, la izquierda le culpa de usar la lucha contra el terrorismo como pretexto para atropellar la cultura y los derechos de los musulmanes.

Para el gobierno, la resolución de las desigualdades que sufren los musulmanes respecto del resto de la población y la lucha contra el terrorismo son un mismo problema, pues asume que hay más posibilidades de que los terroristas procedan de grupos pobres, frustrados y segregados. Sin embargo, quienes ponen el acento en las necesidades del colectivo musulmán (muy rezagado en calificación profesional, empleo e ingresos) creen que el acento puesto en la lucha contra el terrorismo puede estigmatizar a todos los musulmanes y hacer más difícil la cohesión.

Pero lo cierto es que el 75% del trabajo de los servicios británicos de seguridad se emplea en la lucha contra el terrorismo. También parece haber una gran preocupación por parte de los Estados Unidos ante la posibilidad de que musulmanes británicos entren en territorio norteamericano para cometer actos terroristas. Frente a estas reticencias, los sectores moderados del islam británico sienten que, en general, la sociedad no es capaz de hacerse de ellos una imagen ajena al terrorismo.

Menos recelo en España

Un estudio elaborado el año pasado por orden de los ministerios de Justicia, Interior, Trabajo e Inmigración españoles ha revelado que el 31% de los inmigrantes musulmanes que habitan en España considera que en el país existe “rechazo o recelo social” ante su religión. Con este dato se registra un incremento del 3% respecto de los que expresaban en 2007 la misma opinión. Sin embargo, el autor del estudio, Manuel Tohavia, señala que aún no es posible hablar de una tendencia.

El informe, realizado a partir de 2.000 encuestas a musulmanes procedentes de Marruecos, Senegal, Pakistán y Argelia, afirma que el 17% del colectivo (un 5% más que en 2007) manifiesta la existencia de “obstáculos” en España para practicar su religión, especialmente por la falta de mezquitas o por la dificultad para “encajar la oración en el ritmo social”. No obstante, el texto concluye que “son siempre más los inmigrantes musulmanes que perciben la existencia de recelo respecto de su religión en el mundo o en Europa que los que la perciben en España”.

Valorados en una escala de 0 a 10, los musulmanes en España se encontrarían en un grado de religiosidad de 7,7 puntos. Un dato que, referido a las prácticas, quiere decir que el 60 por ciento de ellos va al menos una vez por semana a la mezquita, el mismo porcentaje de quienes reconocen “guiarse en su vida cotidiana por los consejos y/o orientaciones que reciben allí”.

El estudio ha establecido una comparación entre el grado de religiosidad de los musulmanes que actualmente habitan España con el de los españoles de 1976, cuando el 48% de la población se definía como “católico muy practicante” (en 2008 suponían el 22%), habida cuenta de que hoy en día un 49% de musulmanes se tienen por “muy practicantes”.

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