La familia y los jóvenes, prioridades de la Iglesia en Latinoamérica

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Duración lectura: 3m. 2s.

Impulsar la pastoral de la familia es una de las metas principales que señala el documento final de la V Conferencia del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), celebrada el pasado mayo en Brasil (ver Aceprensa 51/07 y 57/07). Los obispos insisten también en la necesidad de prestar mayor atención a la juventud.

El texto, dado a conocer después de que Benedicto XVI autorizara la publicación el 11 de julio, propone como objetivo general “iniciar una nueva etapa pastoral… marcada por un fuerte ardor apostólico y un mayor compromiso misionero”, según el resumen difundido unos días antes. Para ello, es necesario “renovar las comunidades eclesiales y estructuras pastorales”, a fin de descubrir los “cauces de la transmisión de la fe” adecuados a la situación actual de rápidos cambios “culturales, sociológicos, económicos, políticos, étnicos y religiosos”.

En el presente contexto, el documento consigna los principales motivos de preocupación para los obispos de Latinoamérica, como la escasa práctica dominical, especialmente en las zonas urbanas, o las abundantes deserciones por parte de los católicos que abandonan la fe o se adhieren a otros credos o movimientos religiosos en que se encuentran recibidos con más calor. Por eso el documento final subraya que las parroquias han de ser lugares donde los fieles “sean acogidos fraternalmente y se sientan valorados… realmente miembros de una comunidad eclesial y corresponsables en su desarrollo”.

Los obispos lamentan asimismo los intentos de “renovación espiritual contrarios al Vaticano II”, en alusión a fenómenos como cierta corriente de la teología de la liberación. Tales movimientos, dice el texto, han conducido a infidelidades a la doctrina, a la moral y a la comunión con la Santa Sede y han provocado “no pocas recaídas secularizantes en la vida consagrada influida por una antropología meramente sociológica y no evangélica”.

El documento anota además otras deficiencias importantes: la falta de un laicado bien formado capaz de evangelizar en el ámbito de la vida social, económica, política y cultural; la escasez de vocaciones consagradas, ya que, “en promedio, el aumento del clero, y sobre todo de las religiosas, se aleja cada vez más del crecimiento poblacional en nuestra región”; y la insuficiente formación del clero.

Los obispos dedican especial atención a la pastoral de la familia, empezando por la preparación para el sacramento del matrimonio, que requiere un esfuerzo mayor por parte de las parroquias. A la vez, se proponen impulsar centros parroquiales y diocesanos donde llevar a cabo una pastoral de ayuda integral a la familia, especialmente las que están en situaciones difíciles. Además, dicen, es necesario promover, en diálogo con los gobiernos y la sociedad, políticas y leyes a favor de la vida, del matrimonio y la familia.

El documento se detiene también con particular detalle en la pastoral de la juventud. Entre otros medios, indica la conveniencias de “asegurar la participación de jóvenes en peregrinaciones, en las Jornadas nacionales y mundiales de la Juventud con la debida preparación espiritual y misionera”. Pero también en este caso, los obispos subrayan que hace falta remediar las carencias de formación, y no solo moral y doctrinal: hay que “urgir -dicen- la capacitación de los jóvenes para que tengan oportunidades en el mundo del trabajo, y evitar que caigan en la droga y en la violencia”.

Para impulsar todos esos objetivos, los obispos quieren organizar una “misión continental”. Las Conferencias Episcopales estudiarán el modo de llevarla a cabo.