La acogida a la “Evangelii gaudium” en la prensa

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La Exhortación apostólica Evangelii gaudium ha sido acogida como un documento programático del Papa Francisco para la acción evangelizadora de la Iglesia. Y no ha dejado indiferente a nadie, como puede advertirse por los comentarios en la prensa internacional.

La dimensión social de la evangelización
John Allen, en su comentario para el National Catholic Reporter, interpreta que el Papa Francisco está intentando restañar la frecuente división “entre los católicos más comprometidos con la nueva evangelización y los más dedicados al evangelio social”. Se trata de unir el pensamiento y las energías de dos sectores que se dirigen a distintos públicos. “Está, por una parte, la Nueva Evangelización, lanzada por Juan Pablo II para volver a encender el fuego misionero de la Iglesia, y, por otra parte, el Evangelio social, que hace referencia al compromiso católico en la dedicación a los pobres, los inmigrantes y el medio ambiente, así como en su oposición a la guerra, al comercio de armas, la pena de muerte y causas de este estilo”.

Francisco dedica toda una sección del documento a lo que llama “la dimensión social de la evangelización”.“Si esta dimensión no está debidamente explicitada –escribe–, siempre se corre el riesgo de desfigurar el sentido auténtico e integral que tiene la misión evangelizadora”.

Francisco señala algunas cosas que deberían ser motivo de especial preocupación para los cristianos, entre las que incluye la creciente desigualdad de rentas, el aumento del desempleo y las dificultades de inmigrantes y refugiados. “Y utiliza su lenguaje más acerado para fustigar ‘una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante’ y no deja dudas de que la acción misionera cristiana debe ser un agente de cambio frente a esta cultura del descarte”.

Al mismo tempo, continúa Allen, Francisco dice también de modo absolutamente claro que la evangelización también significa llevar a la gente a creer en Jesucristo. “¿Qué amor es ese que no siente la necesidad de hablar del ser amado, de mostrarlo, de hacerlo conocer?”.

Retomando la expresión de Juan Pablo II de que la Iglesia debía “respirar con los dos pulmones” (con la que se refería a la Iglesia de Occidente y a la de Oriente), Allen la aplica a que el sueño de Francisco es “una iglesia que respire con los dos pulmones de la misión y de la justicia, uniendo la preocupación por la pobreza espiritual y corporal”.

La Iglesia es misionera
Massimo Introvigne advierte en La nuova bussola quotidiana que “el carácter enciclopédico [del documento] se presta fácilmente a lecturas parciales e incluso deformadas”. En cualquier caso, “el texto tiene una arquitectura precisa, que debe ser seguida. Consta de cinco partes, a través de las cuales se descubre que el cristianismo o es misionero o no es cristianismo, aborda los obstáculos que se oponen hoy a la misión, dentro y fuera de la Iglesia, estudia las modalidades de la nueva evangelización, examina sus consecuencias –que no son facultativas– en el plano de la doctrina social y, en fin, recuerda la dimensión espiritual que es el alma y el secreto de todo apostolado”.

El vaticanista Luigi Accattoli resume en Corriere della Sera que Francisco “propone una fuerte descentralización de competencias de Roma hacia la Iglesia en cada país, un nuevo ejercicio del primado para promover la colegialidad, la inserción de laicos y de las mujeres en los centros de decisión, una vistosa contracción del gobierno central, una pobreza visible y una visible opción por los pobres”.

El escritor Rafael Gómez Pérez observa que si bien “el tema central es la renovación de la transmisión y vida de las enseñanzas del Evangelio, esto incluye un diagnóstico sobre la situación actual de las culturas”. “Por debajo de los aspectos globalizadores del mundo actual –en la información y comunicación y en la economía- está una innegable fragmentación. Se dan situaciones muy dispares, culturas diversas, actitudes contrarias y contradictorias”.

“A lo largo de la historia las distintas mediaciones –filosóficas, políticas, económicas, ideológicas- tratan de unificar y explicar lo disperso. Lo que se recuerda en este documento es lo que es verdad desde hace dos mil años: el Evangelio no es una mediación más, sino un reconocimiento de esa fragmentación y un ofrecimiento de salvación, de amor de Dios, que ha de vivirse en las más diversas situaciones. Eso explica la expresión de “Iglesia en salida”, así como el continuo reclamo de ir a las periferias y la insistencia en atender antes que nada a lo más sangrante, los pobres del mundo”.

El Papa Francisco dice en definitiva que el mundo actual “necesita, como contrapunto de la fragmentación, de la dispersión, de la diversidad tanto de bienes como de males, de la injusticia, de la desigualdad, la tarea concreta y diaria, cada uno en su sitio, de todos los cristianos”.

La aventura de evangelizar
Un editorial del diario británico Catholic Herald destaca que el mensaje central de la Evangelii Gaudium es recordar que todos los cristianos están llamados a evangelizar, una idea que quedó expresada en la “puesta en escena” del documento.

Al terminar la Misa de clausura del Año de la Fe, el domingo 24 de noviembre, Francisco entregó copias de su exhortación apostólica a un obispo, un sacerdote, un seminarista, un artista, un periodista, un ciego, varias familias… “¿Qué tenían en común todas estas personas de países tan distintos como Japón, Tanzania o Australia?”, se pregunta el editorial. “Ciertamente, todos eran católicos en virtud del bautismo. Pero en virtud del bautismo también estaban llamados a ser evangelizadores”.

El editorial considera que muchos católicos entienden sin problemas esa llamada a evangelizar. Pero después, en la vida cotidiana, se retraen de hacerlo pues piensan que hay otros fieles más capacitados para esa tarea. Sin embargo, “lo que el Papa dice en la Evangelii Gaudium es que, de hecho, no hay nadie más cualificado que nosotros para llevar a cabo nuestra propia misión”.

“Durante los primeros meses de su electrizante pontificado, Francisco ha mostrado qué significa ser un evangelizador. Se trata de lanzarte a la mayor aventura que la vida puede ofrecerte”, llevando con alegría el Evangelio y el mensaje del amor incondicional de Dios a los demás.

Preocupados por la desigualdad
Pero la llamada a evangelizar ha pasado desapercibida en muchos medios norteamericanos que, en cambio, se han interesado por la visión de la economía que presenta el Papa. El columnista Eugene Robinson recuerda en el Washington Post que las ideas principales de Francisco sobre la economía y la justicia social “no son novedosas; todos los papas recientes han formulado críticas parecidas a la sociedad capitalista moderna”.

A su juicio, la diferencia está en la fuerza con que Francisco denuncia la “idolatría del dinero” y en su empeño por convertir “la denuncia de la desigualdad en una de las preocupaciones centrales de la Iglesia”.

A George Weigel le ha sorprendido la lectura económica que han hecho algunos medios norteamericanos de la Evangelli Gaudium. Como explica en The Wall Street Journal, más bien debería leerse como “una clara llamada a favor de un cambio decisivo en la manera de entenderse la Iglesia, en plena continuidad con las enseñanzas del Concilio Vaticano II, de Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI”.

El Papa Francisco –dice Weigel– está completamente dedicado a lo que Juan Pablo II llamó la Nueva Evangelización, que lleva a la Iglesia a volcarse en su misión evangelizadora; y a cada bautizado, a cambiar de vida para redescubrir su vocación misionera.

“El Papa Francisco es un revolucionario. Pero la revolución que propone no tiene que ver con la economía ni con recetas políticas, sino con la forma de comprenderse así misma la Iglesia: es un giro revitalizador hacia el fervor de Pentecostés y hacia la pasión evangelizadora de la que nació la Iglesia hace dos milenios”. Weigel explica en qué consiste este programa de renovación en su último libro Evangelical Catholicism.

En The Atlantic, Heather Horn hace un paralelismo entre el Papa Francisco y el filósofo social Karl Polanyi, aunque también podría haberlo establecido con cualquiera que piense que la economía está al servicio de las personas y no al revés. En su exhortación, explica Horn, el Papa “no habla de revolución ni de las inexorables fuerzas históricas de que hablan los marxistas. En cambio, Francisco denuncia el completo gobierno del mercado sobre los seres humanos; no su existencia, sino su dominio [sobre las personas].

Francisco logra derribar prejuicios
Más enjundioso es el comentario que ofrece el periodista Peter Blair en un blog de First Things. A Blair también le sorprende el impacto mediático que están teniendo las ideas económicas del Papa. “Hay mucha continuidad entre el pensamiento económico de Benedicto y el de Francisco, pero solo los escritos del segundo han empezado a influir las conversaciones públicas dominantes sobre política y economía en un sentido que el primero no consiguió”.

¿A qué se debe el entusiasmo repentino de la opinión pública con la doctrina social de la Iglesia? Sin duda, dice Blair, el estilo personal del Papa Francisco ha contribuido a que muchos descubran unas enseñanzas que ya estaban ahí y con las que, en el fondo, siempre habían coincidido. En su opinión, ahora el gran reto del Papa es hacer pensar sobre cuestiones que “no están en sintonía con los prejuicios de la gente”.

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