JMJ: ¿qué se llevan los jóvenes a casa?

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Como hemos podido ver en la JMJ Madrid 2011, la juventud del Papa –la misma que reza y canta bajo la lluvia o el sol– es muy numerosa; también es diversa. Hemos entrevistado a algunos jóvenes de Taiwan, Barbados y Martinica para preguntarles con qué se quedan de todos estos días.

Ángela, de 22 años, es de Taiwán. Acaba de licenciarse en filología inglesa y otras lenguas extranjeras. “En la JMJ he reencontrado mi pasión por la religión. Me bauticé cuando era muy pequeña. Crecí en una familia católica, pero realmente no llegué a hacer propia la religión”.

Ha venido a la Jornada Mundial de la Juventud con un grupo de chinos, acogido por otro de franceses pertenecientes a la Comunidad Samaritana. “Ha sido un intercambio muy bonito, con jóvenes de otra cultura. Pasar estos días con tantos católicos del mundo me ha servido para darme cuenta de lo que significa ser católico y cómo la Iglesia te ayuda a vivir la fe”.

Cuando le pregunto por el episodio de la lluvia en la vigilia de Cuatro Vientos, sonríe. “Yo creo que ha sido un regalo para refrescarnos. Me impresionó el silencio del Papa. Me sentí muy cerca de él”.

La verdad es que las palabras improvisadas de Benedicto XVI esa noche fueron estimulantes: “Queridos amigos, gracias por esta alegría y por esta resistencia. Vuestra fuerza puede con la lluvia. El Señor, a través de la lluvia, os manda muchas bendiciones. Que descanséis bien. Hemos vivido una aventura juntos. Gracias por el ejemplo que habéis dado. Gracias por vuestro sacrificio”.

Y ahora, a cultivar la fe

El grupo de Barbados es divertidísimo. La primera que se pone al micro es Shantal. Entusiasmada, me dice que “por supuesto que el viaje ha valido la pena”. Y que está “impresionada al ver a tanta gente del mundo compartir la misma fe y alabar al mismo Dios”.

Michelle, de 16 años, acaba de terminar secundaria. Cuando regrese a Barbados empezará estudios de música, pasión que comparte con el Papa. “A mí, sobre todo, me ha impresionado que Dios y la Iglesia católica siguen estando vivos”. –“¿Es que pensabas que estaban muertos?”. –“¡No! Lo que pasa es que no me esperaba a tanta gente. En Barbados no hay tantos católicos”.

Franklin es uno de los mayores del grupo. Tiene 19 años y estudia ingeniería. Cuando le pregunto con qué se queda de estos días, se para unos segundos, se lo piensa bien, y responde: “Creo que no basta con mantener la fe que has recibido; tienes que cultivarla y hacer que siga creciendo cada día”. Es una traducción bastante fiel del lema de la JMJ, “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la Fe”.

Testigos de esperanza

Rachel y Odré son de Martinica. Me dicen que son íntimas amigas. Pero también, por lo que se ve, muy diferentes. Rachel tiene 26 años; es trabajadora social, estudia inglés y es muy reflexiva; en el futuro, quiere compaginar su trabajo actual con la enseñanza del inglés.

Odré, de 25, también quiere ser profesora de idiomas en su país. Pero ella, de español para franceses y de francés para españoles. Por eso, me lo pone más difícil. Entre risas, dice que “no admite entrevistas en español”. Al final, Rachel le convence.

“Odré, ¿con qué mensaje del Papa te quedas?”. – “Más despacio, por favor”, bromea. Vaya, ya sabía yo que no iba a ser nada sencillo. Por fin, se pone seria: “Que hemos de ser testigos para los jóvenes de nuestro país. Sal y luz”.

Me explica también que su motivo de adhesión a Benedicto XVI radica, sobre todo, en la fe y en su amor a Cristo. “El Papa es el sucesor de Pedro. Es la Cabeza de la Iglesia y el Padre de todos los católicos; por eso, le queremos”.

“¿Que qué nos llevamos a casa?, pregunta Rachel. “Pues mucha alegría, mucha esperanza y mucha fe en los jóvenes. Y también confianza y seguridad en lo que creemos, para que no nos importe lo que piensen de nosotros los que no están de acuerdo con nosotros”.

Como Rachel se dedica a la inserción social, me interesa abundar en lo de la esperanza. “Hay gente que cuando piensa en los jóvenes, suele fijarse sobre todo en las cosas malas que pueden llegar a hacer. Pero esto es injusto. Los jóvenes también pueden hacer cosas bonitas. Pueden compartir, pueden ser leales y amables, pueden hacer cosas realmente buenas por los demás, y no sólo cosas negativas”.

Esta es una cualidad humana que Rachel admira del Papa. “Benedicto XVI cree en los jóvenes. Y a nosotros nos toca demostrarle que puede seguir haciéndolo”.

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