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“El Camino Sinodal ha hecho caso omiso de todas las intervenciones de Roma”

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Dorothea Schmidt: “El Camino Sinodal ha hecho caso omiso de todas las intervenciones de Roma”
Dorothea Schmidt

Dorothea Schmidt

 

Dorothea Schmidt, periodista, ha participado en el Camino Sinodal alemán por nombramiento de la Conferencia Episcopal. Sin embargo, acaba de declarar, junto con las profesoras de Teología Hanna-Barbara Gerl-Falkovitz, Katharina Westerhorstmann y Marianne Schlosser, que presentaba su dimisión y ya no participaría en la última Asamblea, que se celebrará del 9 al 11 de marzo. En esta entrevista explica los motivos de su decisión.

— Recientemente anunció que deja de participar en el Camino Sinodal. ¿Por qué precisamente ahora?

— Es una decisión que ha ido madurando. Desde un principio, el Camino Sinodal no fue un auténtico debate en busca de la verdad, sino un proceso político-parlamentario con un tira y afloja para encontrar mayorías. La Iglesia necesita reformas, sí; pero cuando se atacan o se ignoran constantemente intervenciones que contradicen la voluntad de los estrategas sinodales o que siguen la doctrina de la Iglesia, cuando se alzan tarjetas rojas o verdes para indicar acuerdo o desacuerdo con una determinada intervención, cuando no hay escucha en la oración ni se pregunta por la voluntad de Dios y, finalmente, cuando se hace caso omiso de las directivas procedentes de Roma, entonces esto sencillamente no es un debate sinodal ni tiene potencial para renovar la Iglesia desde dentro.

Especialmente grave es el hecho de que las indicaciones y directivas de Roma no se tengan en cuenta en Alemania y que algunos obispos ya estén aplicando en sus diócesis “reformas” que contradicen la doctrina vigente. El hecho de que se ningunee la carta jurídicamente vinculante de Roma del 16 de enero se aproxima a la realidad jurídica que describe el can. 751 CIC: el cisma; no se trata, pues, de un asunto menor. La Iglesia católica en Alemania se está distanciando claramente de Roma y poniendo en peligro la unidad de la communio universal. No queremos ser corresponsables de esto ni apoyarlo. Sencillamente, no podemos aportar nada razonable donde no se trata de renovar la Iglesia católica, sino de transformarla.

“Se están aprovechando los aberrantes casos de abusos para impulsar ideas que nada tienen que ver con ellos”

Conclusiones poco fundadas

— Visto desde fuera, parece que el Camino Sinodal ha seguido ciegamente las recomendaciones del informe MHG (2018) y que no se tuvieron en cuenta las experiencias con las medidas contra los abusos introducidas en las distintas diócesis. ¿Es correcta esta impresión?

— El cardenal Marc Ouellet ha dicho del Camino Sinodal que no se podía evitar la sensación de que se estaban aprovechando los aberrantes casos de abusos para impulsar ideas que nada tienen que ver con ellos. La Conferencia Episcopal Alemana encargó el informe MHG para encontrar una salida a la crisis de los abusos sobre la base de hechos. Este estudio fue muy criticado por estar lleno de aseveraciones sin base, por carecer de rigor científico. Hubo errores crasos en la obtención de los datos; además, se pasaron por alto todos los demás estudios relevantes que ya existían sobre este tema.

El Camino Sinodal ha mantenido siempre el relato de que los abusos tienen causas sistémicas. No se ha hablado de culpa personal, sino que se ha sentado a toda la Iglesia en el banquillo de los acusados. Y lo más extraño de todo es que a menudo se afirmaba, invocando el informe MHG, que había que cambiar la ética sexual y que las mujeres debían poder acceder al sacerdocio; pero eso no lo dice en absoluto el informe.

Ninguna de las causas sistémicas que se aducen constantemente ha sido corroborada por las ciencias sociales. Se han sacado conclusiones a partir de vagas suposiciones para afirmar que hay que cambiar la moral sexual de la Iglesia. En el Camino Sinodal se repite constantemente el mismo relato de que la causa de los abusos está en parte en la concepción que tiene de sí misma la Iglesia, hasta que todo el mundo cree que esto es científico. Pero no lo es.

La única cifra significativa de que se dispone es aquella que muestra que las víctimas son predominantemente varones jóvenes prepuberales y en la pubertad. Que esto se deba a la moral sexual es pura especulación. Para explicarlo se remite una y otra vez a que eran chicos los que hacían de monaguillos; sin embargo, el espectro de víctimas no se ha desplazado con el tiempo hacia las chicas, que actualmente son mucho más numerosas entre los acólitos.

“Hasta ahora, ninguna intervención romana ha conseguido que la Presidencia del Camino Sinodal cambie su agenda”

Deberíamos ceñirnos al asunto: Contra factum non est disputandum, en lugar de limitarse a implantar una nueva ética en las diócesis, como ya está ocurriendo. En julio pasado, la Santa Sede prohibió expresamente tomar decisiones “que obliguen a los obispos y a los fieles a adoptar nuevas formas de gobierno y nuevas orientaciones doctrinales y morales”. Dicha advertencia simplemente se archivó, considerándola una carta “sin firma” del Vaticano.

En mi opinión, el único problema sistémico real de la Iglesia es que ha empezado a girar en torno a sí misma. Hablar aquí de causas sistémicas es soslayar la responsabilidad personal. En cualquier caso, la permisividad no detendrá los abusos.

Una actividad político-parlamentaria

— El Papa ha hablado repetidamente del “primado de la evangelización”. También ha dejado claro que un sínodo no es un parlamento en que se buscan mayorías y se hacen votaciones. ¿Cómo recibieron los sinodales estas y otras amonestaciones de Roma, comenzando por la carta del Papa del 29 de junio de 2019 y terminando por la declaración de la Secretaría de Estado vaticana de julio de 2022 que prohíbe la creación de un “Consejo Sinodal”?

— Tanto el tema de la “nueva evangelización” como todas las demás directrices de Roma fueron prácticamente descartadas. Los obispos Rainer Woelki y Rudolf Voderholzer elaboraron unos estatutos alternativos para el Camino Sinodal, en los que la evangelización desempeñaba un papel central, pero fueron rechazados. Posteriormente, se justificó diciendo que lo que se había debatido y decidido en el Camino Sinodal –como la abolición de la moral sexual, la exigencia del sacerdocio para las mujeres o la bendición de parejas del mismo sexo y la inculturación de la ideología de género– era ya evangelización o incluso un requisito previo para la evangelización.

Con todas las demás intervenciones de Roma se adoptó un método similar; la Presidencia del Camino Sinodal incluso se sentía animada a continuar con cada carta que llegaba de Roma. Si bien el Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, Mons. Georg Bätzing, calificó de no del todo injustificadas las críticas que había hecho últimamente el Papa al Consejo sinodal, no consideró que eso afectara a la creación de una “Comisión sinodal”. Y eso que la función principal de dicha Comisión sinodal es la creación del “Consejo Sinodal”, un Camino Sinodal permanente con el objetivo de transferir las competencias episcopales a los laicos y socavar así el ministerio episcopal. Hasta ahora, ninguna intervención romana ha conseguido que la Presidencia del Camino Sinodal cambie su agenda. Lamentablemente, sigue siendo –a pesar de todas las amonestaciones del Papa– una actividad político-parlamentaria, en la que se confunde la verdad con las mayorías.

— ¿Llegaron al Camino Sinodal las “preocupaciones y reservas” de los cardenales Ladaria y Ouellet, expresadas en el “Comunicado conjunto” de la Santa Sede y los obispos alemanes con ocasión de su visita ad limina, así como la última carta de los cardenales Parolin, Ladaria y Ouellet del 16 de enero, enviada con la aprobación explícita del Papa?

— Todas las indicaciones e intervenciones de la Santa Sede se pasaron esencialmente por alto. Una vez que se publicaron las declaraciones de Ladaria y Ouellet tras la visita ad limina, nadie puede reinterpretar o relativizar las declaraciones romanas. Allí se decía explícitamente que todos los documentos sinodales debían volver a la línea de la doctrina de la Iglesia y del Vaticano II, lo cual no se ha llevado a cabo.

En cuanto a la carta de enero, los delegados de la Asamblea sinodal se enteraron de ella por la prensa. Mons. Bätzing debería habernos informado de que había llegado una clara señal de alto desde Roma, que debía ser atendida, por lo que había que modificar la agenda del Camino Sinodal. Esta última carta de Roma es un documento emitido in forma specifica, lo que significa que el Papa mismo lo ha aprobado expresamente. Pasar por alto esta instrucción es, como he dicho antes, conducir deliberadamente a la Iglesia hacia el cisma.

“En lugar de leer los signos de los tiempos a la luz del Evangelio, como nos enseña el Concilio Vaticano II, el Camino Sinodal los elevó a fuentes de revelación y los antepuso al Magisterio”

Intento de cambiar la antropología cristiana

— En su “declaración de despedida” publicada en Die Welt, ustedes critican que las resoluciones del Camino Sinodal no sólo cuestionan fundamentos esenciales de la teología, la antropología y la práctica eclesiástica católicas, sino que en algunos casos las redefinen por completo. ¿Puede proporcionar algunos ejemplos?

— Los principales cambios afectan a la antropología cristiana y a la revelación, tal como la entiende la Iglesia católica. El texto de orientación –por así decir, el preámbulo del Camino sinodal– rompe con la doctrina vinculante de la Iglesia sobre la revelación, como se establece en el documento conciliar “Dei Verbum”. La Iglesia está vinculada a la unidad de la Escritura, la Tradición y el Magisterio. Ahora, la Asamblea sinodal dice: no nos hacen falta, porque tenemos nuevas fuentes que nos indican la dirección correcta. Son estas, sobre todo, el sentido de la fe del pueblo; es decir, la interpretación colectiva de la fe por el pueblo de Dios, lo que en latín se llama sensus fidei fidelium, y los “signos de los tiempos”. En lugar de leer ambos a la luz del Evangelio, como nos enseña el Concilio Vaticano II, el Camino Sinodal los elevó a fuentes de revelación y los antepuso al Magisterio.

Los signos de los tiempos que aduce el Camino Sinodal son sobre todo las realidades de la vida actual de las personas. Dicen que tenemos que observarlos y verlos como señales para el futuro. Para los sinodales, ya no es la Iglesia la que lleva el Evangelio a las realidades de la vida, sino al revés: como muchos ya no se adhieren a las enseñanzas sexuales de la Iglesia, hay que cambiarlas, según la lógica del Camino Sinodal. De este modo se disuelve la unidad entre Escritura, Tradición y Magisterio, y se priva al Magisterio de la autoridad última para interpretar.

Se quiere sustituir la antropología cristiana basada en la binaridad de los sexos por una agenda de diversidad en la que los dos sexos se disuelven en favor de mundos fluidos de género. Se trata de considerar la diversidad de género como parte del orden divino y sustituir al relato bíblico de la creación. Se trata, pues, de cuestiones muy fundamentales de la visión del hombre. Esto también tiene implicaciones para el sacerdocio y la moral sexual, que el Camino Sinodal denuncia como discriminatorios e incluso causantes de abusos sexuales en la Iglesia.

Si los géneros son fluidos no importa ya si un transexual o una transexual se presenta ante el altar in persona Christi Capitis. En este contexto, también se ha dicho que no es necesaria una semejanza natural con la masculinidad de Jesús, como enseña la Iglesia. Y por lo que se refiere a la ética sexual, haciendo referencia al amor de Dios por todas las personas y porque muchos no se adhieren a las enseñanzas, han exigido que se reconozcan como lícitas las relaciones sexuales extramatrimoniales, co-matrimoniales y también la masturbación.

Se trata de una increíble reducción de la antropología cristiana, que se expresa en una ética sexual muy desarrollada y profunda, y que contempla al ser humano de forma integral. Lo único que hace falta es comunicarla a la gente de una manera nueva. La gente debe aprender a comprender que esta ética es un apoyo en su camino hacia la felicidad, aunque los humanos nos quedemos constantemente por debajo de nuestras propias exigencias. La Iglesia confía en nosotros para vivir en fidelidad y entrega y nos dice: tú puedes conseguirlo con la gracia de Dios.

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